jueves, 10 de noviembre de 2016

CARILDA OLIVER LABRA


Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.



FRAN GARCÍA

Hay
una sombra invisible
que no concede
límite en su avance hacia el diafragma.
Niebla ciega paso mudo y gris sangre
gris
agua
cielo
y un latido de ceniza condena
la luz que filtraba el rocío.

Abril es un mes que ya no concibes:
tan solo amas
la esperanza de amar
si la inercia te expulsa
del agujero negro.


miércoles, 9 de noviembre de 2016

DARÍO JARAMILLO AGUDELO

Historias

Se hablan bajo el agua,
desnudos flotan y se hablan
y se dicen palabras como "risa"
y la luz brilla como un tafetán líquido
sobre sus hermosos cuerpos;
paralelos, blanca y moreno, contra la corriente,
plata y bronce bajo el fluido sol,
como dos lianas de carne mis dos bellos amigos
sumergidos se dicen un idioma que vibra en los oídos,
una música de vocales desleídas,
se dicen palabras con ternura sabia;
desde el puente
bajo un árbol que deja pasar hilos de sol
yo los miro gozoso
y los veo sacar la cabeza del agua
con el aire y con la dicha contenidos
y los oigo gritar "esto es la vida"
y sus esbeltos cuerpos jóvenes son la vida,
ella y él, mis desnudos hermosos amigos,
la vida son ellos,
ellos que me regalan su entusiasmo.






martes, 8 de noviembre de 2016

IDEA VILARIÑO

Carta II

Estás lejos y al sur
allí no son las cuatro.

Recostado en tu silla
apoyado en la mesa del café
de tu cuarto
tirado en una cama
la tuya o la de alguien
que quisiera borrar
-estoy pensando en ti no en quienes buscan
a tu lado lo mismo que yo quiero-.
Estoy pensando en ti ya hace una hora
tal vez media
no sé.

Cuando la luz se acabe
sabré que son las nueve
estiraré la colcha
me pondré el traje negro
y me pasaré el peine.

Iré a cenar
es claro.

Pero en algún momento
me volveré a este cuarto
me tiraré en la cama
y entonces tu recuerdo
qué digo
mi deseo de verte
que me mires
tu presencia de hombre que me falta en la vida
se pondrán
como ahora te pones en la tarde
que ya es la noche
a ser
la sola única cosa
que me importa en el mundo.




lunes, 24 de octubre de 2016

MIGUEL VEYRAT

OCASIÓN ÚNICA


Ser la claridad y la libertad del día. No un absoluto cerrado
sobre sí mismo. Poesía que no quisiera ser sino poesía
que hiciese real aquello que intangible. Como el deber de preservar al hombre tal como fuera fundido. Oportunidad única para lo verdadero. Sin metafísica alguna. Sólo belleza, aunque la oculte el vocabulario religioso y la incurable afición del poeta por los dioses. El poema detiene la podredumbre del tiempo como un ahora fluido que en la obra permanece al margen de la Naturaleza. Todo lo escrito a partir de tal instante será máscara o fraude.



Poema de Miguel Veyrat, de su libro  "El hacha de Plata" Ediciones de la Isla de Siltolá, Sevilla, 2016

viernes, 21 de octubre de 2016

RAFA CORRECHER

APUNTES DE VIAJE


Copenhague, 28 de agosto de 2016
I.

Los nadadores,
la pulcritud de un movimiento
sobre el plano del agua,

espacios limpios
separan las palabras
y no hay obstáculos.

Todo sucede mientras una luz diferente
tamiza,
entre la simetría de los bloques
de hormigón,
imágenes y apuntes:

un buey de piedra,
troncos pintados sobre el cesped,
papeles de viaje y fotografías.

Son el disparo más profundo
a todos mis lugares disponibles.
  
II.

En el hotel
la luz pierde su fuerza
entre botones rojos
y alfileres.

Hoy huele a mermelada y a café.

Soy extraño,


lejos de mí. 

domingo, 9 de octubre de 2016

LEOPOLDO DE LUIS

El espejo

Con los ojos vendados nos miramos
cada día delante de un espejo
para ser sólo imágenes
nuestras que no veremos.

Desfilamos, retratos fidelísimos,
copias exactas, calcos o reflejos,
resbalamos por aguas espejeantes
como narcisos ciegos.

Debo de ser la sombra, los perfiles,
la refracción de ese cristal o hielo;
debe de ser el doble repetido,
el náufrago en el fondo de ese sueño.

Qué culto extraño ante el cristal, la luna,
de extraterrestre, de astronauta muerto
girando sin sentido
en la órbita cerrada por el pecho.
Qué culto extraño para
sentirnos sólo luminoso eco
de nuestra propia realidad corpórea,
mitología del agonizamiento
liturgia de pantallas sucesivas,
idolatrización de reverbero.

Sólo somos figuras proyectadas
sobre un cristal, pero jamás nos vemos.





ÁNGEL GONZÁLEZ

A veces
Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.

ANA ROSSETTI

Custodio mío

Salamandra es deseo
bebiendo en los topacios de un estanque,
en cielos de Giotto,
en las bóvedas húmedas de translúcida yedra.
Morera y vid se agotan en tu mano.
Es deseo caballo enloquecido
de temor bajo un raudal de agua,
cascada donde estalla el arcoiris,
desbaratada trenza entre piedras  cayendo.
Brazo tuyo defensa en mi cintura.
Y como la belleza -desmesura, naufragio
o voluble liana que se empina hasta el cedro
sofocándolo- el deseo penetra y es herida.
Cuerpo tuyo, cercado que mi pasión desborda,
todo escudo en dócil miel fundido
y es inútil tu intento: a un labio enamorado
ni el laurel más mortífero detendría.
Ya no podrás lograr que permanezca intacta,
angélica tesela en su alto dominio,
que mi emoción recorte cual ciprés
en un parque atildado,
que contemple el abismo desde los barandales
y al vértigo resista.
Crueldad subyugadora es el deseo.
Y me entrego a su lanza, y no quiero rehuir
su mordedura.
Apártate de mí, no quiero que me guardes,
que en mi cuerpo refrenes lágrimas ni jardines,
y antes de que las quejas aviven mi desprecio,
los avisos mi cólera, caiga sobre tus labios
-incendio alertador, granada suplicante-
la delicada muerte de mi olvido.




viernes, 16 de septiembre de 2016

RAFA CORRECHER

ULISES RECUERDA UNA MIRADA DE PENÉLOPE

La brasa me calienta
las manos como tú solías hacerlo.

La luz de estas palmeras
cubre a mis hombres, los transforma
en fantasmas de sal.

Qué largas son las noches,

hay puentes que las unen,
que nos unen a ellas.

Piso restos salobres, silencios como arañas,
salitre,
derrota
y el hambre que me llega
como el vino caliente de los cuerpos,

y tienes en la boca
esa palabra que me duele
tanto como los cabos que se aferran
a las traviesas.

El juramento y las miradas
tejen caballos blancos
y en la casa de al lado
ese bendito fuego
da calor todavía,
guarda
y condena.

Penélope naciente:
un mar sobre las rocas
y tu apetito un nuevo territorio
donde las piedras simples vuelcan
su espuma en la genista.

Madre y amante entre pinares,
la gana de tenerte sobrevive
y en el origen
mi escritura dispersa
recoge el humo de los signos,


tu mirada. 


lunes, 22 de agosto de 2016

HAIKUS DE GREGORIO MUELAS Y HEBERTO DE SYSMO

Cruza el paisaje 
la sombra de una nube,
se escucha el viento.

*
un rayo parte
a un árbol milenario,
la lluvia sigue.

*
sobre el azul 
se esfuma su blancura,
luna de día.

*
amanece,
la hiedra se enrosca
en el árbol quemado.

*
en el silencio del bosque
solo se escucha
el rumor de un enjambre.

*
fin de noviembre,
llueve sobre las hojas
secas de ayer.

*
por el camino
sombreado de sauces
no vuelve nadie.

de "La Soledad encendida" Ed. Ultramarina, 2015.



jueves, 11 de agosto de 2016

SEAMUS HEANEY

Casa de verano

I
¿Era el viento de los vertederos
o algo en el calor

que nos seguía los pasos, con el verano agriándose,
y un nido pestilente incubando en algún lugar?

¿De quién era la culpa?, me preguntaba, inquisidor
del aire poseído.

Para de pronto descubrir,
al levantar la estera

que había larvas, moviéndose-
e hirviendo, hirviendo, hirviendo.

II
Mientras arreglo la puerta, con mis brazos
repletos de cereza silvestre y rododendro,
a través de la entrada escucho su perdido
gimotear, que, carraspeando, tintinea
mi nombre, una y otra vez.

Oh amor, he aquí la culpa.

Las flores sueltas entre nosotros
se reúnen, componen
una especie de altar del mes de mayo.

Estos capullos francos y caídos
se tiñen pronto del color de un dulce bálsamo.

Asiste. Unge la herida.

III
Oh atendimos nuestras heridas con corrección
bajo la dulzura hogareña

y yacemos como si la superficie fría de una hoja
nos hubiese dejado sin aliento.

Postulo más y más
curas gruesas, como ahora

cuando te doblas en la ducha
el agua vive cayendo por la pila bautismal de tus pechos.

IV
Con un definitivo
impulso nada musical
largos granos empiezan
a abrirse y se separan

hacia adelante
y de nuevo agotamos
el blanco, pateado
camino al corazón.

V
Mis hijos lloran la calurosa noche extranjera.
Caminamos por el suelo, mi boca podrida se desahoga
contigo y yacemos rígidos hasta que el alba
acude a la almohada, y al maíz, y la viña

que sostiene su plena carga hacia la luz.
Las rocas de ayer cantaban cuando las golpeábamos
estalactitas en las viejas cuevas, goteando oscuridad -
nuestras llamadas de amor pequeñas como un diapasón.



De "Invernando" 1972
Traducción de Vicente Forés y Jenaro Talens