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Mostrando entradas de 2010

RAFA CORRECHER

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Cementerio


No se oyen quejas
y nunca tienen frío
pero les borra el viento
su intimidad
en los retratos color sepia.

Es facil estar muerto.

Así se entiende
porque tan sólo necesitan estas calles
la transparencia
y su ruptura
como única noticia en las miradas,

su interruptor de la memoria en la memoria de los vivos.




RAFA CORRECHER

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Albada

Perdido, rompe el sol
la llave del instante
y arrastra
la arena de su génesis.

Sus gotas de ternura envenenada
congelan
esta breve parábola del vidrio y del espejo.



RAFA CORRECHER

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Imaginación



Me explicaré:



ella tan sólo observa los conceptos,

pero dibuja luces

como veletas que señalan

manecillas

de relojes parados

en los minutos del domingo.



Horas tangentes

con el alba y la sombra,

espacios sin tiniebla

donde

madurar es disolver el agua de los ojos,

cortar su ligadura

para elevar un labio en las pupilas.

RAFA CORRECHER

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Magulladuras,
pequeñas ventanas de dolor abiertas dónde.

Respirar significa
anochecer en un presagio
y nunca es suficiente toda la verdad,
hay que dejar algo para las despedidas,
para cuando a uno se le olvida tener sombra
y suaviza sus oquedades
con un puñado de imposibles.


RAFA CORRECHER

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Ese chasquido fue el invierno,


la rama que se rompe en la conciencia

cuando madura un epitafio.



Porque no todo es como rastro

o pista de sucesos,

no es fácil explicar

con reglas de dudosa exactitud

vaivenes subjetivos

y savia sin origen.



Se trata

de injertos diferentes que no sangran,

partículas remotas forzando su volumen,



la carne de cañón en las ideas.


LOGICAMENTE

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Somos capaces de construir una verdad absoluta y asumirla pero esa edificación interior nunca es fiable cuando nos exponemos a los vaivenes del sentimiento, al salto al vacío de la emociones.

Si la pasión nos deja ciegos mostramos una incapacidad manifiesta para conciliar la razón con el impulso interior que nos transforma en universos completamente desprotegidos, faltos de toda energía de reacción.

Pensar un momento es la llave, no para alejar todas las dudas pero si para revestirnos de una pátina de razón indefinida a partir de un punto de partida: la pesadilla de la lógica o la construcción de dos polos absolutamente complementarios pero diferentes en su capacidad de razonamiento, luz y sombra, precisión intelectual y precariedad emotiva pero necesaria.


DIEZ MI PIES

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El amanecer divide la percepción en dos zonas de luz, una que nace desde la tierra hasta nuestros ojos y otra que parte desde estos hasta el foco emisor de energía que, paradojicamente nace desde abajo como un reflejo.
Así, la luz no nos llega desde arriba sino desde el punto más profundo, creando una zona de sombra desde el espejismo de la percepción, un fantasma razonado en la mente del propio observador, que le induce a creer que la contemplación del paisaje no concuerda con los primitivos relieves conocidos, generando en el individuo una sensación de asombro insatisfecho, definido en las lineas de la propia precariedad del elemento de juicio.

UNO MISMO

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Juzgar o juzgarse.

Realmente, si uno es lo suficientemente hipócrita como para juzgar a los demás es probable que en esa porción de falsedad alterada cobije una alternativa plausible de certeza para realizar un más que estimable examen de conciencia. Porque esa realidad invoca desde su fondo, desde su construcción de futuro, una localización para la autocomplacencia en la palabra interior que conforta la duda propia e incluso, también a veces la ajena.

Aunque, a veces, todo esfuerzo por analizar los hechos del comportamiento propio sea esteril, siendo necesario en ese caso, propiciar un veredicto o un consejo externo a nuestra voluntad sin que esta última quede mediatizada por otros elementos que no sean los puntos de vista subjetivos iniciados en la mirada del contrario, de aquel que observa desde cerca nuestra cotidianidad más rastrera y común. Aun así, el criterio de observación presentará un sesgo apreciable de exactitud contemplado desde nuestra propia posición, añadiendo además a…

TRES OBVIEDADES

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He recuperado de la estantería un viejo manual de historia contemporánea de la época de mi bachillerato. Mucho ha llovido desde entonces. Entre sus páginas me encontre un dibujo hecho a cera por un amigo que representaba las montañas de la zona de Begís (Castellón), una ilustración con colores estridentes, verdes y rojos, quizás no demasiado apropiados para el paisaje que mi amigo pretendía reflejar aunque tengo que confesar, resultaban muy sugerentes por su originalidad. El encuentro casual con el dibujo trajo otras conexiones mentales pues al retirar el folio plegado de la página pude observar algunas fotografías del libro que ilustraban escenas de la segunda guerra mundial.
Resulta una obviedad pero no puedo dejar de constatar que de aquél encuentro visual extraje varias conclusiones, la sensación de que el tiempo nos deja atrás, nos supera con una velocidad vertiginosa, la falsedad que provocan las primeras impresiones en el conocimiento de cualquier obra plástica  y la seguridad ab…

MEMORIA DE UN INCIDENTE AISLADO

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Aquel hombre estaba rigurosamente muerto.

Recuerdo su cara color (llegado a este punto del relato, sería necesario precisar un color para facilitarles a todos ustedes la claridad de la narración  y confesaré ahora que he sido siempre un negado para las ilusiones cromáticas así que debería limitarme a decir, simplemente, que su cara era color muerto a riesgo de parecer demasiado evidente o demasiado coloquial en la descripción. Recurriré pues al adjetivo "pálido" acompañado de algún adverbio imaginativo) exageradamente pálido sintético, (quiero aclarar que el color "exageradamente pálido sintético" no existe y es tan sólo producto de la imprecisión descriptiva y seguramente propiciado por los líquidos empleados en el proceso quirúrgico post-mortem.

También creo recordar que me intranquilizó sobremanera la resignación postural del hombre circunscrita al estrecho receptáculo en el que se alojaba su cuerpo y en aquel momento pensé que su incomodidad final no estaba reñ…

SEGUNDA DIVAGACION PRESCINDIBLE

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Cuando se termina de escribir un poema, por una relación que no está escrita en ninguna parte, deja de pertenecerte y esa pérdida supone también una forma de liberación.
Esto supone que cada lector hace suyo el poema y busca en su lectura una suerte de identidad, de reflejo propio contenido en las palabras.

Y ese es el fin, o el comienzo de un punto de no retorno que abre nuevas puertas o como diría Edmond Jabés "Toda duración está ligada al recuerdo", duración del poema en el pensamiento del lector o perseverancia del poeta para salvaguardar su memoria...


PRIMERA DIVAGACION PRESCINDIBLE

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La realidad no existe, al menos una realidad común y puesto que todo lo inmediato es interpretable, nada deja de ser dudoso bajo una nube de indicios subjetivos.
Un instante es sólo un instante y cuando desaparece, con él también lo hace aquello que adquirimos mediante una aceptación sesgada por un vislumbre de seguridad e inmediatez falsamente confortadora.

A pesar de todas estas palabras, de toda esta divagación, les recomiendo encarecidamente que duerman en paz.


RAFA CORRECHER

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IMPROVISADA CONVERSACION INVERNAL CON WARREN PENFIELD

a Ivan Brull Pons


No quiero hablar de oscuridad,
es una operación inacabada
en el papel vacio.

No soy ruina
de lo que ves,
el miedo ahora vive bajo límites
de juramento
en su distancia necesaria,
cambiando el acomodo de las cosas
que nunca nos dijimos.

De lo esperado qué puedo decir:
una sombra sin tierra
cuando desde la cama se percibe
el último sonido de la noche
y estoy hablándote
sobre las tramas de otras vidas,
figuras en un cuadro
suspendido
en la pared monótona,
bajo el punto de fuga
de una cuadrícula tan plana,
un infierno sin tiempo preñado de bondades,
a veces sólo sueños
entre los que no se camina
con los ojos cerrados.


SOBRE EL HAIKU

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El asombro no existe en el Haiku.


Y me refiero, no al hecho de que el haiku no celebre las manifestaciones de la naturaleza, cualquiera que sea su origen, sino al matiz que lo hace singular y diferente; la sencillez de una composición poética asimilando estos hechos objetivos y externos, magnificados en la forma de vida occidental, más pendiente del efecto que de la causa.

Así pues, el asombro es serenidad sin conclusión dentro de un universo de instantes en la construcción del haiku. Y su fin no es la certeza o la curiosidad ante las cosas, más bien lo es el hecho de formar parte de un todo ubicado en la superficie más próxima y consustancial, de la que nunca somos ajenos. Así, no construimos sobre lo que deseamos percibir o como dice Robert Hass “Somos lo que podemos imaginar” porque no existe un desdoblamiento o un sujeto interpuesto, sino que somos de verdad nosotros mismos, comunicados con el propio mundo, manteniendo en su devenir un equilibrio singular.

Las cosas están, son, n…