MEMORIA DE UN INCIDENTE AISLADO

Aquel hombre estaba rigurosamente muerto.

Recuerdo su cara color (llegado a este punto del relato, sería necesario precisar un color para facilitarles a todos ustedes la claridad de la narración  y confesaré ahora que he sido siempre un negado para las ilusiones cromáticas así que debería limitarme a decir, simplemente, que su cara era color muerto a riesgo de parecer demasiado evidente o demasiado coloquial en la descripción. Recurriré pues al adjetivo "pálido" acompañado de algún adverbio imaginativo) exageradamente pálido sintético, (quiero aclarar que el color "exageradamente pálido sintético" no existe y es tan sólo producto de la imprecisión descriptiva y seguramente propiciado por los líquidos empleados en el proceso quirúrgico post-mortem.

También creo recordar que me intranquilizó sobremanera la resignación postural del hombre circunscrita al estrecho receptáculo en el que se alojaba su cuerpo y en aquel momento pensé que su incomodidad final no estaba reñida con el tránsito de sus despojos hacia el descanso eterno de una forma más holgada y placentera...

(extractado del libro  "Memoria de un incidente aislado" de Wotan Ferhampt)

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