LOGICAMENTE

Somos capaces de construir una verdad absoluta y asumirla pero esa edificación interior nunca es fiable cuando nos exponemos a los vaivenes del sentimiento, al salto al vacío de la emociones.

Si la pasión nos deja ciegos mostramos una incapacidad manifiesta para conciliar la razón con el impulso interior que nos transforma en universos completamente desprotegidos, faltos de toda energía de reacción.

Pensar un momento es la llave, no para alejar todas las dudas pero si para revestirnos de una pátina de razón indefinida a partir de un punto de partida: la pesadilla de la lógica o la construcción de dos polos absolutamente complementarios pero diferentes en su capacidad de razonamiento, luz y sombra, precisión intelectual y precariedad emotiva pero necesaria.


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