UNO MISMO

Juzgar o juzgarse.

Realmente, si uno es lo suficientemente hipócrita como para juzgar a los demás es probable que en esa porción de falsedad alterada cobije una alternativa plausible de certeza para realizar un más que estimable examen de conciencia. Porque esa realidad invoca desde su fondo, desde su construcción de futuro, una localización para la autocomplacencia en la palabra interior que conforta la duda propia e incluso, también a veces la ajena.

Aunque, a veces, todo esfuerzo por analizar los hechos del comportamiento propio sea esteril, siendo necesario en ese caso, propiciar un veredicto o un consejo externo a nuestra voluntad sin que esta última quede mediatizada por otros elementos que no sean los puntos de vista subjetivos iniciados en la mirada del contrario, de aquel que observa desde cerca nuestra cotidianidad más rastrera y común. Aun así, el criterio de observación presentará un sesgo apreciable de exactitud contemplado desde nuestra propia posición, añadiendo además a la opinión del otro, un elemento de menor fiabilidad, la empatía del observador y su escaso conocimiento de nuestras zonas oscuras.

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