MOZART




Para escuchar a Mozart es necesario renunciar a las agendas, los números, las citas, las decisiones trascendentales. La trascendencia es tan relativa como este sol que ahora colorea las agujas de los pinos y hace más azul el agua del vaso, el lomo de las hormigas que corretean por el suelo, infatigables como una conciencia que zigzaguea en busca de alimento.
La hoja del libro se cimbrea con la brisa, las letras podrían escaparse de la página sin dificultad y adherirse a lo que ahora pienso, otros indicios, otros razonamientos.
El silencio es imposible, el hecho de considerar esta ajenidad a la consumación como una puerta que se cierra absurdo.
Me escribes una carta sin remite y sus letras amarillas sobre la tierra del jardín son este perfume impropio, un anzuelo en la mañana para salvar los gestos agresivos, las fechas que amenazan a la vuelta de cualquier esquina, sucias, voraces.
Datar es la caducidad,  prolongar lo inevitable o hacerle el boca a boca al futuro, separar ansiedad y circunstancia.
A veces respirarte en esta gravedad es un milagro, un puro renunciar a los sentidos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

MIGUEL VEYRAT

HAIKUS DE GREGORIO MUELAS Y HEBERTO DE SYSMO

JOSÉ EMILIO PACHECO