RAFA CORRECHER





CARRERA


Una niebla tan densa como el humo
marcaba el lomo de la yegua.

Recuerdo el golpe seco de aquellos cascos en el barro
y un cielo limpio
en el que no existían cortes.

Aquella mancha de sudor en su pelaje
y su inmovilidad después
eran la excusa
para difuminarse entre la hierba
y así escapar
de su jinete,

de mis preguntas,

de aquella terca necedad
en los obstáculos.

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