BERNARDO SOARES

Esta tarde en que escribo, la lluvia ha cesado por completo. La alegría del aire se siente demasiado fresca contra la piel. El día va consumiéndose no en ceniciento, sino en azul pálido. Un azul vago se refleja, incluso en las piedras, de las calles. Duele vivir, pero de lejos. Sentir no importa. Va iluminándose algún que otro escaparate. en otra ventana alta hay gente que da por acabado su trabajo. el mendigo que pasa junto a mí quedaría pasmado si me conociera.


En el azul menos pálido y menos azul, que espejea en los edificios, atardece algo más la hora indefinida.
Va declinando suavemente este día en que los que creen y yerran entran en el engranaje de su trabajo habitual, y tienen, en su propio dolor, la felicidad de la inconsciencia. Va declinando suavemente, ola de luz que se apaga, melancolía de la tarde inútil, bruma sin niebla que penetra en mi corazón. Va declinando suavemente, leve, indefinida palidez lúcida y azul de la tarde acuática...










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