JOSÉ WATANABE


El trasnochado

Mientras mi mujer duerme
con sus dulces entrañas cerradas,
algunas noches
mi pene despierta.
Sólo estamos tú y yo, solos, le digo,
ella dormirá hasta mañana.
Mira alrededor. Una vena azul
cruza toda su tristeza.
Escucha la canción del deseo
que nunca tiene sentido.
Luego pregunta: ¿Otras?
El mundo se ha acabado,
ya no hay más mujeres, le digo.
Ninguna mentira lo derrota,
y porfía: ¿y los ángeles?
El cielo también se ha acabado,
y las sirenas
y todas las quimeras.
Entonces suspira, se emboza
y se queda dormido.


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