JOHN ASHBERY





Paseo Marítimo

Con la mente ocupada en algo,
advierto bancos de hojas secas
zarandeadas por el viento, abalanzándose
como un perro a punto de tumbarse,
y una voz como la de mi madre que dice:
"Entonces vas a tener que aprender
a prescindir de ello. Son cáscaras de hojas".

En otra ocasión la voz me vuelve
a traer de no muy lejos.
Yo imaginaba hermanas, cómo domina una puerta
la larga vida de uno, que solo al final llega
a una "insensata coherencia",
y para entonces uno ya ha pasado todas
las objeciones razonables,
y está solo.
¿Y cómo va a importarme si esta amplia silla
está hecha de monotonía, o si
la rara noche tuvo alguna parte en ello?
Es la hora del retorno a las oportunidades
que a uno no le ofrecieron, las que nos manchan de azul.

Todo el cálculo es un error.
Lo que el calibrador del califa redimió
no es para nosotros, tan remoto
al borde de los anillos de Saturno,
la caída, cuyo olor resuena y alivia
aunque sea un día cualquiera, como lo es
(farfullar de las calles y en lo alto),
aunque se adhiera quietud
al reverso, dé sus prerrogativas a conocer
otro día, el mismo día.



Traducción de Daniel Aguirre


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