RAFA CORRECHER

Nenúfares


Escondo mi cabeza bajo las verjas azuladas

de tus dedos

y escucho respirar a los nenúfares.



Si está su luz tan limpia, no los toques

-me dices, mientras

la tela de una nube

entra en la habitación,

deja sombras quebradas

y toma

este silencio

que parece hecho a su medida-.



No tengo un rumbo fijo.



Afuera,

tan sólo me entretienen

palomas que se aferran

al dorso de mi mano

y el óxido solar de esos nenúfares.









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