viernes, 30 de noviembre de 2012

ANTONIO MACHADO

He andado muchos caminos

He andado muchos caminos
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra.

Y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra...

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio
preguntan a donde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja.

Y no conocen la prisa
ni aún en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino,
donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y un día como tantos,
descansan bajo la tierra.


LUIS CERNUDA


Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos

Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,
como nace un deseo sobre torres de espanto,
amenazadores barrotes, hiel descolorida,
noche petrificada a fuerza de puños,
ante todos, incluso el más rebelde,
apto solamente en la vida sin muros.

Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
todo es bueno si deforma un cuerpo;
tu deseo es beber esas hojas lascivas
o dormir en ese agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.

No importa la pureza, los dones que un destino
levantó hacia las aves con manos imperecederas;
no importa la juventud, sueño más que hombre,
la sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
de un régimen caído.

Placeres prohibidos, planetas terrenales,
miembros de mármol con sabor de estío,
jugo de esponjas abandonadas por el mar,
flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.

Soledades altivas, coronas derribadas,
libertades memorables, manto de juventudes;
quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
es vil como un rey, como sombra de rey
arrastrándose a los pies de la tierra
para conseguir un trozo de vida.

No sabía los límites impuestos,
límites de metal o papel,
ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
adonde no llegan realidades vacías,
leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.

Extender entonces la mano
es hallar una montaña que prohíbe,
un bosque impenetrable que niega,
un mar que traga adolescentes rebeldes.

Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
ávidos dientes sin carne todavía,
amenazan abriendo sus torrentes,
de otro lado vosotros, placeres prohibidos,
bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
tendéis en una mano el misterio.
Sabor que ninguna amargura corrompe,
cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.
Abajo estatuas anónimas,
sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
una chispa de aquellos placeres
brilla en la hora vengativa.
su fulgor puede destruir vuestro mundo.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

JORGE RIECHMANN


Figuración de ti
                                                                          "Te amo. Pero ya no sé
                                                                         lo que es eso, un amor"
                                                                                            Heiner Müller 


La eternidad dura unos tres años, de los diecisiete a los veinte
aproximadamente.

Tiene el espesor agrio de una lámina de vino tinto.

Tiene la consistencia de tus muslos de estío bajo la falda tenue y
larguísima que nunca te levantaré.

La eternidad. Un lugar sin sabiduría y anterior nostalgia de ella.

Hay luz filtrada por ramas de un verde restallante en el Parque
del Buen Retiro, luz adolescente que se quiebra inverosímilmente
sobre tu blusa.

Casi me da pudor decir que sólo te acaricio los pechos una vez.
Frescas ensoñaciones interminables en el jardín de la torpeza.

Las puertas sí que son algo irreversible: duros núcleos expectantes
aristas insomnes, una condensación exagerada de tragedia.

Pero la memoria ha desaprendido el llanto de manera radical.
Me besas tú por primera vez, en un teatro donde no hay otra cosa
-espectadores incluidos, desde luego- que terciopelo rojo.

Para besar tienes que sumergirte. (Yo no lo comprendo.)

Una banda negra alrededor de tu cuello. En esa tibia frontera sí
que podría abrevar el crepúsculo. En lugar de eso se te echa en
el regazo y, como si nunca hubiera hecho otra cosa, no para un
instante de ronronear.

Creo que puedo enseñarte algo y me engaño. Crees que puedes
enseñarme algo y te engañas.

Celos atroces, obscenos, inconfesables, de los chicos del laboratorio
de fotografía.

Para lograr conciliar el sueño tengo que masturbamte (de fijo más de
mil veces) pensando en ti.

La eternidad se adensa en la sala del Cinestudio Griffith de San Pol de Mar.

La eternidad no acaba de tomarme en serio.

Hace bien en no hacerlo.

martes, 27 de noviembre de 2012

EDWARD THOMAS


EL PUENTE
Hoy vengo desde lejos:
sobre un extraño puente, solo,
recordando amigos, viejos amigos,
descanso, sin sonrisa y sin lamento,
tal y como ellos me recuerdan sin sonrisa y sin lamento.
Todos quedan atrás, los amables
y los antipáticos también, esta noche
no son más que un sueño. El arroyo
discurre suave y sin embargo ahoga al Pasado,
el arroyo oscuramente iluminado ha ahogado al Pasado
y al Futuro.
Ningún viajero ha descansado más bendecido
que este breve momento entre
dos vidas, cuando las primeras luces de la noche
y las sombras esconden lo que nunca fue,
cosas más buenas, hermosas y queridas de lo que
han sido y serán.

Traducción de Ben Clark

lunes, 26 de noviembre de 2012

ALLEN GINSBERG


Blues del Banco Mundial

Trabajo para el banco mundial, sí, sí,
Mi sueldo eran cien mil de los verdes
Conozco mi economía Harvard mejor que tú

Nadie sabe que yo hago grandes planes
A los líderes de Madagascar les enseño a bailar
a leer estadísticas y usar calzoncillos a rayas

Las estadísticas emocionales no son mi trabajo
Hechos y números, no soy un atorrante
pero silvicultura y agricultura son un gran error

Este es nuestro plan para estabilizar tu moneda
Comercio internacional ahora o después
Sigue nuestro consejo lo agradecerás a tu creador

¿Qué tienes para exportar, qué materias primas?
Monocultura, diamantes, café, cereales
Véndelos en el mercado a las Multinacionales Imperiales

Te prestaremos dinero para aumentar tu producción
Páganos un interés anual, para tu propia seguridad
ajústate el cinturón, no pondremos objeciones

Tira algunos pequeños principios mínimos
el servicio de la deuda pago vuelve invencible el trato
Hay que poner dólares pero tu moneda es canjeable

Pon a la gente a trabajar la tierra del mercado mundial
tala todos los bosques, tendrás dinero líquido
o superautopistas rentables en lugar de selvas tropicales

Con granjas agropecuarias puedes exportar carne
Recorta servicios sociales y la ayuda a los pobres
Afligida, la gente de la selva emigra a las ciudades

Ajústate el cinturón vamos a dar un paseo por la costa
La producción aumenta, los precios siguen bajando
Madera en pasta carne en hamburguesa, café patasabajo

Aumenta la producción paga tu deuda al Banco Mundial
Al menos los intereses si es todo lo que puedes conseguir
Despuebla el Amazonas, no nos has pagado todavía

En una década devolverás todo el dinero
como servicio de la deuda, porque lo principal, ¡ay!
Te prestaremos más, pero no vendas caballo

Medidas de austeridad, sueldos más bajos,
Las aguas negras de la urbe son un terreno carnal
Los autobuses acaban arruinados en los lindes de la ciudad

corales y peces muertos residuos de las fábricas,
Los indígenas le tomaron el gusto al dólar yanki
Fondos de la banca suiza para dictadores en desgracia

La fauna muerta por la deuda de Costa Rica
Flora desconocida en la desembocadura del Boca Chica
Aves del Ecuador, ¿enfermas con los escapes tóxicos?

Disturbios por las bolsas de arroz extranjero
Arma a tu ejército de chicos con gases norteamericanos
Pide dinero prestado para tu carrera de armas propia

Familias trasladadas de las tierras fértiles a la selva
La gente de la selva en chozas al abrigo de turistas
¿bancarrota de divisas para los puristas del libre mercado?

Me acabo de retirar de mi empleo después de 20 años
en el Banco Mundial Central con la banda del dinero
asisto a las reuniones de AA no quiero morir idiota

Trabajé en Africa, las Américas, Vietnam
Bangkok también con los grandes del Banco Mundial
Ahora estoy retirado y me importa un cuerno

Camino por las calles de Washington solo de noche
El trabajo que hice, ¿estuvo malo bien?
¿Se cometieron graves errores sin que los vieran?

No era el trabajo de un burócrata como yo
comprobar el impacto de la política del Banco Mundial
cuando la deuda daba frutos en el árbol del dinero mundial

 
                                         

domingo, 25 de noviembre de 2012

MARGARET ATWOOD


Luna nueva 

La oscuridad espera aparte desde cualquier ocasión que surja;
como la pena, siempre está disponible.
Ésta es sólo un modelo,
el modelo en el que hay estrellas
sobre las hojas, brillantes como clavos de acero
e incontables y sin que se las haga caso.

Caminamos juntos
sobre hojas muertas
húmedas en la luna nueva
entre las rocas nocturnas amenazadoras
que serían de un gris rosado
a la luz del día, roídas y suavizadas
por el musgo y los helechos, que serían verdes
en el olor mohoso a levadura fresca
de árboles que enraízan, la tierra devuelve
lo mismo a lo mismo,

y cojo tu mano, que tiene el aspecto que tendría
una mano si de veras existieras.
Deseo mostrarte la oscuridad
que tanto temes.

Confía en mí. Esta oscuridad
es un lugar al que puedes entrar y sentirte
tan seguro como en cualquier otra parte;
puedes poner un pie delante del otro
y creer a los lados de tus ojos.
Memorízalo. Lo sabrás
de nuevo cuando te corresponda.
Cuando la apariencia de las cosas te haya abandonado,
todavía tendrás esta oscuridad.
Algo propio que puedes llevar contigo.

Hemos llegado al borde:
el lago entrega su silencio;
en la noche exterior hay un búho
cantando, como una polilla
en la oreja, desde la costa lejana
que es invisible.
El lago, vasto y sin dimensiones,
repite todo, las estrellas,
las piedras, a sí mismo, incluso la oscuridad
en la que puedes caminar
hasta que se convierta en luz.

sábado, 24 de noviembre de 2012

MATSUO BASHÔ


Las sendas de Oku

No hablaron una palabra
el anfitrión, el huésped
y el blanco crisantemo.

Ah, este camino
que nadie recorre,
excepto el crepúsculo.

El camino de la muerte,
a pesar del sol de otoño,
¿quién querría emprenderlo?

La luna de la montaña
ilumina también
a los ladrones de flores.

¿Admirable,
aquel que no piensa: "la vida huye"
al ver el relámpago?

También esta cabaña de paja
en este mundo tornadizo
ha de transformarse en casa de muñecas.

¡Qué gloria!
Las hojas verdes, las hojas jóvenes,
bajo la luz del sol.

En la montaña de verano,
adoro las sandalias divinas;
viaje a la vista.

Quedó plantado
el arrozal
cuando me despedía del sauce.

De los cerezos en flor
al pino de dos troncos:
tres meses.

Pétalos de lirios
atarán mis pies:
los cordones de mis sandalias.

Bajo un mismo techo
durmieron las cortesanas,
la luna y el trébol.

El sol brilla, brilla
sin compasión.
Pero el viento es de otoño.

Si he de morir
en el camino,
que sea entre los campos de trébol.

Desde hoy el rocío
borrará tu nombre
de mi sombrero.

Al despedirme,
escribí algo en el abanico,
pero lo borré.



RAFA CORRECHER


Perdido

  
Detrás de mí quedó la claridad,
un corte de tijera;

los árboles sin sombra y un atisbo
de lo que pude ser.

Segundos como gotas
me separan de ti con su cristal;

Nada más que intuiciones.

Hay barro entre mis uñas,
tengo que descansar alguna vez
si encuentro algún lugar,
una nueva estación,
alguna referencia, no puedo imaginarte;

lo siento, estoy perdido.

JORGE MANRIQUE


Coplas a la muerte de su padre

      Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

     Y pues vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

     Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros, medianos
y más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.


ROBERT HASS


"...BLANCO DEL OLVIDO, BLANCO INOCUO"

Mi madre se derretía en el baño.

El agua del arroyo fruncida a las piedras.


A la hermana Damien, en quinto grado, le encantaba enseñar matemáticas.


Aquella manga tan blanca cuando escribía en el encerado

se balanceaba con el lento movimiento de un pájaro en plena caza,

Penacho en la lisura de la marea,

Cisne que rema lentamente en el estanque,

A equivale a la distancia entre x y b.


Las palomas en el desierto,

Sus tectrices de color canela cuando levantaron el vuelo.

La gente busca explicaciones. Tenía razones para sus apetitos.

Un niño podría ver que no era verdad.

En el cuadro de la Última Cena en la pared de la clase,

todos los apóstoles tenían hermosas túnicas pastel,
cada una del color de una variedad de sorbete.

Una linea es la distancia entre dos puntos.


Un punto es algo indivisible.


No es la exposición de un hecho; una definición.


Te llevo un segundo entender la diferencia,

y entonces la amaste, amaste la razón,
su movimiento como el del cisne en la corriente de un molino.

Yo no habría traicionado al Señor

antes de que el gallo cantara tres veces,
pero sólo era un niño, ¿qué podía hacer
cuando vinieron a por él?

Marcando el calor, el aroma de la salvia,

del poleo. El organismo de cada cosa viva
clamando lluvia.



martes, 20 de noviembre de 2012

CARILDA OLIVER LABRA


Cuento

Yo era débil,
rubia, poetisa, bien casada.
Tenía deudas
y una salud de panetela blanca.
Hicimos una casa pobremente,
muchas ventanas:
para enseñar nuestros besos a las nubes,
para que el sol entrara.

La casa era tan bella
que tú nunca dormías.
Ya no eras abogado ni poliomielítico
ni nada.
Nunca dije:
¿cuándo vas a poner esa demanda?
porque yo tampoco
cocinaba.

Fueron días
como no quedan otros en las ramas.
Yo me empeñaba en sembrar algo en el patio:
tus gatos lo orinaban,
pero era tan feliz que no podía
decir malas palabras.
Ay, una tarde...
( Septiembre tomó parte en la desgracia ),
Ay, una tarde
( Dios estaría sacando crucigramas );
ay, una tarde
pusiste tantas piedras en mi saya
que desde entonces
ando inventándome la cara.
El cuchillo
tenía la forma de tu alma;
yo quería ser otra, hablar de las estrellas...
( sobraron noche y cama ).
Yo me empeñaba en sembrar algo en tu pecho:
tus gatos lo orinaban,
y era tan infeliz que no podía
decir buenas palabras.

Tarde en otoño.
Miré las sábanas amargas,
el jarro de la leche,
las cortinas,
y el crepúsculo me convirtió en su mancha.
( Yo era un clavel podrido de repente,
un canario botado ).
Con empujones que lo gris me daba,
entre temblores,
volví a la falda
de mi madre.

Pasaron tantas cosas
mientras yo me bebía la soledad a cucharadas...

Un viernes
-un viernes en que tu olvido me enterraba-
llegué a la esquina
deja casa.
Estaba allí como una tumba diferente,
se veía otra luz por las ventanas.
Tuve miedo de odiar...
(Ya era hasta mala).

Pasaron tantas cosas;
el tiempo fue cosiendo mi mirada.

Ahora no pueden asustarme con los truenos
porque la luz me alza.
Ahora no pueden confundirme con un libro.
Soy la palabra recobrada.
¡Ríanse,
agujas que en mi carne se desmandan;
ríanse,
arañas que me tejen la mortaja;
ríanse,
que a mí, también, carajo, me da gracia!




domingo, 18 de noviembre de 2012

ADONIS (Ali Ahmad Said Esber)


Homenaje a ellos

¡QUE VELOZ es la bala!
No obstante, jamás llegará.

Están sentados-
                sus pestañas son velas,
sus manos restos de navíos.

De vez en cuando
el cielo envía un ángel para visitarlos
mas éste se pierde por el camino.

Avanzo en su dirección.
Entre ellos, muerta, una mujer a la que amé.
Entre ellos, un niño que se parece a mí.

Aprenden el alfabeto de las olas
para leer las playas.

Tu pálida imagen
relumbra nuevamente en ellos:
¡Salve! Feminidad de la tierra.

Sin embargo...
No veo en sus heridas ninguna rosa
y las estrellas, sobre ellos, permanecen blancas.

Intentó cruzar la calle:
no pudo andar por la sombra
ni pudo andar por el sol
ni halló, entre ambos, camino.

El día se inclina,
el cielo se acurruca
y el sol
se contenta con ser bastón
para el viejo vendedor de fruta.

Se ahoga al recordar.
Se ahoga al intentar olvidar:
es un infierno que se devora.

El humo es tinta
que escribe el tiempo.

Calle-
templo que se apoya en las muletas de sus oraciones.

De las ventanas cuelgan espectros
que no son ni cuerpos ni ropajes.
Preguntad a la silente misa
que flota sobre los escombros.

El tiempo corre a mi lado
en una pesadilla que improvisa el camino.

La ceniza
que ha devorado a los muertos
no se acuerda de ninguno.

El cielo afirma que desciende
y camina entre la gente.
Tal vez sea cierto
mas yo no lo veo.

Con hilos de rosa
amarraban la muerte
y la arrojaban al regazo del agua.

Despojos de figuras en el cuerpo del aire:
son los hijos del Líbano
que embellecen el libro de la tierra
y enmiendan el horizonte.

Si el mar envejeciera
elegirá Beirut como recuerdo.

A cada instante la ceniza demuestra
que es el palacio del futuro.

Desesperado,
hasta el aire se dispone
a tender el cuello a cualquier asesino.

Rebaños de sangre
pastan por la superficie de la tierra.

¿Cómo podrá cicatrizar esa herida?
¿Y cómo podría alumbrarse de otra?




Versión de María Luisa Prieto

sábado, 17 de noviembre de 2012

CHARLES CHAPLIN

Vale la pena escucharlo, de verdad.

VINICIUS DE MORAES


Ausencia

Dejaré que muera en mí el deseo
de amar tus ojos dulces,
porque nada te podré dar sino la pena
de verme eternamente exhausto.
No obstante, tu presencia es algo
como la luz y la vida.
Siento que en mi gesto está tu gesto
y en mi voz tu voz.
No quiero tenerte porque en mi ser
todo estará terminado.
Sólo quiero que surjas en mí
como la fe en los desesperados,
para que yo pueda llevar una gota de rocío
en esta tierra maldita
que se quedó en mi carne
como un estigma del pasado.
Me quedaré... tu te irás,
apoyarás tu rostro en otro rostro,
tus dedos enlazarán otros dedos
y  te desplegarás en la madrugada,
pero no sabrás que fui yo quien te logró,
porque yo fui el amigo más íntimo de la noche,
porque apoyé mi rostro en el rostro de la noche
y escuché tus palabras amorosas,
porque mis dedos enlazaron los dedos
en la niebla suspendidos en el espacio
y acerqué a mí la misteriosa esencia
de tu abandono desordenado.
Me quedaré solo como los veleros
en los puertos silenciosos.
Pero te poseeré más que nadie
porque podré irme
y todos los lamentos del mar,
del viento, del cielo, de las aves,
de las estrellas, serán tu voz presente,
tu voz ausente, tu voz sosegada.



Traducción de Mariano Ramos


EMILY DICKINSON

No era la Muerte, pues yo estaba de pie...

No era la Muerte, pues yo estaba de pie
Y todos los muertos están acostados,
No era de noche, pues todas las campanas
Agitaban sus badajos a mediodía.

No había helada, pues en mi piel
Sentí sirocos reptar,
Ni había fuego, pues mis pies de mármol
Podían helar un santuario.

Y, sin embargo, se parecían a todas
Las figuras que yo había visto
Ordenadas para un entierro
Que rememoraba como el mío.

Como si mi vida fuera recortada
Y calzada en un marco
Y no pudiera respirar sin una llave
Y era como si fuera medianoche

Cuando todo lo que late se detiene
Y el espacio mira a su alrededor
La espeluznante helada, primer otoño que llora,
Repele la apaleada tierra.

Pero todo como el caos,
Interminable, insolente,
Sin esperanza, sin mástil
Ni siquiera un informe de la tierra
Para justificar la desesperación.


ROBERT FROST

Abedules

Cuando veo abedules oscilar a derecha
y a izquierda, ante una hilera de árboles más oscuros,
me complace pensar que un muchacho los mece.
Pero no es un muchacho quien los deja curvados,
sino las tempestades. A menudo hemos visto
los árboles cargados de hielo, en claros días
invernales, después de un aguacero.
Cuando sopla la brisa se les oye crujir,
se vuelven irisados cuando se resquebraja
su esmaltada corteza. Pronto el sol les arranca
sus conchas cristalinas, que mezcla con la nieve...
Esas pilas de conchas esparcidas diríase
que son la rota cúpula interior de los cielos.
La carga los doblega hacia los mustios
matorrales cercanos, pero nunca se quiebran,
aunque jamás podrán enderezarse solos:
durante muchos años las ramas de sus troncos
curvadas barrerán con sus hojas el suelo,
igual que arrodilladas doncellas con los sueltos
cabellos hacia atrás y secándose al sol.
Mas cuando la Verdad se me interpuso
en la forma de un hecho como la tempestad,
iba a decir que quizás un muchacho,
yendo a buscar las vacas, inclinaba los árboles...
Un muchacho que por vivir lejos del pueblo
sólo sabe jugar, en invierno o en verano,
a juegos que ha inventado para jugar él solo.
Ha domado los árboles de su padre uno a uno
pasando por encima de ellos tan a menudo
que nada les dejó de su tiesura.
A todos doblegó; no dejó ni uno solo
sin conquistar. Aprendió la manera
de no saltar de un árbol sin haber conseguido
doblarlo contra el suelo. Conservó el equilibrio
hasta llegar arriba, trepando con cuidado,
con la misma destreza que uno emplea al llenar
la copa hasta el borde, y aun arriba del borde.
Entonces, de un envión, disparaba los pies
hacia afuera y saltaba del aire hasta la tierra.

Yo fui también, antaño, un columpiador de árboles;
muy a menudo sueño en que volveré a serlo,
cuando me hallo cansado de mis meditaciones,
y la vida parece un bosque sin caminos
donde, al vagar por él, sentirnos en la cara
ardiente el cosquilleo de rotas telarañas,
y un ojo lagrimea a causa de una brizna,
y quisiera alejarme de la tierra algún tiempo,
para luego volver y empezar otra vez.
Que jamás el destino, comprendiéndome mal,
me otorgue la mitad de lo que anhelo
y me niegue el regreso. Nada hay, para el amor,
como la tierra; ignoro si existe mejor sitio.
Quisiera encaramarme a un abedul, trepar,
por las ramas oscuras del blanquecino tronco
y subir hacia el cielo, hasta que el abedul,
doblándose vencido, me volviese a la tierra.
Subir y regresar sería muy hermoso.
Pues hay cosas peores en la vida que ser
un columpiador de árboles.






viernes, 16 de noviembre de 2012

IVAN BRULL: GUIA DE PERDUTS




El 22 de noviembre a las 19,30 h. en el Teatro de la Plaza de Silla, mi amigo y poeta Iván Brull Pons presentará su nuevo poemario GUIA DE PERDUTS.
Intervendrá también el escritor y poeta Antoni Ferrer y el acto contará con la actuación musical de Carles Pastor. 





jueves, 15 de noviembre de 2012

GIORGIOS SEFERIS

Epigrama

Un borrón en el verde secante
un verso apagado sin final,
una pala de ventilador estival
que ha cortado el denso calor;
el ceñidor que se quedó en mis manos
cuando el deseo cruzó a la otra orilla
-esto es lo que puedo ofrecerte, Perséfone,
apiádate de mí y concédeme el sueño de una hora. 



Versión de Pedro Bádenas de la Peña



LOUISE ELISABETH GLÜCK

Malahierba

Algo
llega al mundo sin ser bienvenido
y llama al desorden, al desorden.

Si tanto me odias
no te molestes en buscar
un nombre para mí: ¿necesitas
acaso un desdoro más
en tu lenguaje, otra
manera de culpar
a la tribu por todo?

Ambos lo sabemos,
si adoras a un dios, necesitas
sólo un enemigo.

Yo no soy el enemigo.
Sólo soy una treta para ignorar
lo que ves que sucede
aquí mismo en esta cama,
un pequeño paradigma
del fracaso. Una de tus preciosas flores
muere aquí casi a diario
y no podrás descansar
hasta enfrentarte a la causa, es decir,
a todo lo que queda,
a todo aquello que es más fuerte
que tu pasión personal.

No estaba escrito
permanecer para siempre en este mundo.
Pero por qué admitirlo, si puedes seguir
haciendo lo de siempre,
lamentándote y culpando,
las dos cosas a la vez.

No necesito que me alabes
para sobrevivir. Llegué aquí primero,
antes que tú, antes
de que sembraras un jardín.
y estaré aquí cuando el sol y la luna
se hayan ido, y el mar, y el campo extenso.

Y yo conformaré el campo.



Traducción de Eduardo Chirinos


miércoles, 14 de noviembre de 2012

BLANCA VARELA

En lo más negro del verano

El agua de tu rostro
en un rincón del jardín,
el más oscuro del verano,
canta como la luna.

Fantasma.
Terrible a mediodía.
A la altura de los lirios
la muerte sonríe.
Sobre una pequeñísima charca,
ojo de dios,
un insecto flota bocarriba.
La miel silba en su vientre
abierto al dedo del estío.

Todo canta a la altura de tu rostro
suspendido como una luz eterna
entre la noche y la noche.

Canta el pantano,
arden los árboles,
no hay distancia,
no hay tiempo.

El verano trae lo perdido,
el mundo es esta calle de fuego
donde todas las rosas caen y vuelven a nacer,
donde los cuerpos se consumen
enlazados para siempre
en lo más negro del verano.

En un rincón del jardín
bajo una piedra canta el verano.
En lo más negro,
en lo más ciego y blanco,
donde todas las rosas caen,
allí flota tu rostro,
fantasma,
terrible a mediodía.




martes, 13 de noviembre de 2012

MARIO BENEDETTI


Los formales y el frío

Quién iba a prever que el amor   ese informal
se dedicara a ellos tan formales

mientras almorzaban por primera vez
ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa   la de ella
era como un augurio o una fábula
su mirada   la de él   tomaba nota
de cómo eran sus ojos   los de ella
pero sus palabras   las de él
no se enteraban de esa dulce encuesta

como siempre o   casi siempre
la política condujo a la cultura
así que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche

y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor

cuando llegaron a su casa   la de ella
ya el frío estaba en sus labios los de él
de modo que ella fábula y augurio
le dio refugio y café instantáneos

una hora apenas de biografía y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio
como se sabe en estos casos es bravo
decir algo que realmente no sobre

él probó   sólo falta que me quede a dormir
y ella   probó por qué no te quedás
y él   no me lo digas dos veces
y ella   bueno por qué no te quedás

de manera que él se quedó   en principio
a besar sin usura sus pies frío   los de ella
después ella besó sus labios   los de él
que a esa altura ya no estaban tan frío
y sucesivamente así
                            mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron.

sábado, 10 de noviembre de 2012

RAFA CORRECHER


Insomnio 


Nunca conseguiré olvidar

lo que pasó.

Fueron soltándose

una a una
las cuerdas de tu piano
mientras el fuego las mordía.

De fondo la ciudad, 

la lluvia
y ese reflejo del incendio
en los cristales rojos
del autobús.

Entonces recordé

cuando era niño
y en el bosque jugábamos
hasta la madrugada, 
las brasas,
los pies descalzos
sobre la tierra.

Ahora hace frío 

y ya oscurece;

un pájaro

se refugió en la cañería.

Dame alguna palabra 

en la que pueda descansar.

Estoy aquí.


El tiempo se quebró como una rama.





MARIANNE MOORE


El San Jerónimo 

de Leonardo da Vinci y su león
  en esa ermita
de muros derrocados,
  comparten refugio para un sabio
-marco idóneo para el apasionado y lúcido
  Jerónimo versado en el lenguaje-
y para un león pariente de aquel en cuya piel
  no dejó huella el garrote de Hércules.

La bestia, recibida como un huésped,
  aunque algunos monjes huyeran
-con su pata curada
  que una espina del desierto había enrojecido-
guardaba el asno del monasterio…
  que desapareció –según Jerónimo pensó-
devorado por el guardián. Así el huésped, como un asno,
  sin ofrecer resistencia, fue encargado de transportar la leña;

pero, poco después, el león reconoció
  al asno y entregó toda la caravana de camellos
de sus aterrorizados
  ladrones al afligido
san Jerónimo. La bestia absuelta y
  el santo quedaron de esa suerte hermanados;
y desde entonces su similar aspecto y comportamiento
  estableció su parentesco leonino.

Pacífico, aunque apasionado
              -porque de no ser ambas cosas,
            ¿cómo podría ser grande?-
              Jerónimo –debilitado por las pruebas sufridas-
            la cintura afilada comiera lo que comiera,
              nos dejó la Vulgata. Bajo el signo de Leo,
            la crecida del Nilo ponía fin a la hambruna, lo que hizo
              de la boca del león un elemento apropiado para las fuentes,
            un emblema que si no es universal
              al menos no es oscuro.
            Y aquí, aunque solo sea un esbozo, la astronomía
              o los pálidos colores hacen que la dorada pareja
            en el dibujo de Leonardo da Vinci parezca
              bronceada por el sol. Resplandece, cuadro,
            santo, animal; y tú, León Haile Selassie, con tu escolta
              de leones símbolo de soberanía.




Traducción de Olivia de Miguel Crespo

viernes, 9 de noviembre de 2012

PABLO NERUDA

Walking around

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos,
aterido, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.


jueves, 8 de noviembre de 2012

JORGE TEILLIER


Twilight

Todavía yace bajo el manzano
el tílburi cansado de los abuelos.
¿Quién recogerá esas manzanas
donde aún brilla un sol de otra época?
El cerco se pudre.
La ortiga invade el jardín.
Alguien mira el tílburi
y apenas lo distingue
en la luz oscilante
entre la tarde y la noche.

Bodas y entierros.
Una tarde entera luchando contra el barro
cuando íbamos al pueblo recién fundado.
Un viaje de ebrios entre la susurrante penumbra
esquivando las ramas enloquecidas.
Viajamos y viajamos
aun sabiendo que todo no puede sino terminar
en una casa miserable desde donde se mira
esa luz obstinada en pelear contra la noche.

¿Quién recogerá las manzanas
donde aun puede vivir un sol de otra época?
La ortiga invade el jardín.
El día no alcanza a refugiarse en la casa.
Para huir de la oscuridad sólo hay un tílburi cansado
que no se cansa de luchar contra la noche.


EDMOND JABÈS

Dedicatoria

En el cementerio de Bagneux, departamento del Sena,
descansa mi madre. En el viejo Cairo, en el cementerio
de las arenas, descansa mi padre. En Milán, en la muerta
ciudad de mármol, está sepultada mi hermana.
En Roma, donde, para acogerle, la sombra cavó la tierra,
está enterrado mi hermano. Cuatro tumbas.
Tres países. ¿Conoces las fronteras de la muerte?
Una familia. Dos continentes. Cuatro ciudades.
Tres banderas. Una lengua, la de la nada. Un dolor.
Cuatro miradas en una. Cuatro existencias. Un grito.
Cuatro veces, cien veces, diez mil veces, un grito.
 -¿ Y los que no tienen sepultura? , preguntó Reb Azel.
 -Todas las sombras del universo, respondió Yukel, son gritos.
 (Madre, respondo a la primera llamada de la vida,
 a la primera palabra de amor pronunciada
y el mundo tiene tu voz.)





martes, 6 de noviembre de 2012

MIGUEL HERNÁNDEZ

CANCIÓN ÚLTIMA

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.




PERE GIMFERRER

La muerte en Beverly Hills


V


A Ángel González


En las cabinas telefónicas
hay misteriosas inscripciones dibujadas con lápiz de labios.
Son las últimas palabras de las dulces muchachas rubias
que con el escote ensangrentado se refugian allí para 

     morir.
Última noche bajo el pálido neón, último día bajo el sol 

     alucinante,
calles recién regadas con magnolias, faros amarillentos de los
     coches patrulla en el amanecer.
Te esperaré a la una y media, cuando salgas del cine -y a
     esta hora está muerta en el Depósito aquélla cuyo
     cuerpo era un ramo de orquídeas.
Herida en los tiroteos nocturnos, acorralada en las esquinas
     por los reflectores, abofeteada en los night-clubs,
mi verdadero y dulce amor llora en mis brazos.
Una última claridad, la más delgada y nítida,
parece deslizarse de los locales cerrados:
esta luz que detiene a los transeúntes
y les habla suavemente de su infancia.
Músicas de otro tiempo, canción al compás de cuyas viejas

     notas conocimos una noche a Ava Gardner,
muchacha envuelta en un impermeable claro que besamos
     una vez en el ascensor, a oscuras entre dos pisos, y tenía 
     los ojos muy azules, y hablaba siempre en voz muy 
     baja- se llamaba Nelly.
Cierra los ojos y escucha el canto de las sirenas en la noche
     plateada de anuncios luminosos.
La noche tiene cálidas avenidas azules.
Sombras abrazan sombras en piscinas y bares.
En el oscuro cielo combatían los astros
cuando murió de amor,
                                         y era como si oliera muy despacio

                                         un perfume.






domingo, 4 de noviembre de 2012

RAFA CORRECHER

Sofía
Esa pequeña cicatriz

que sólo tú podías ver

te hacía frágil,



pero tus ojos salen de la fotografía.





sábado, 3 de noviembre de 2012

CORAL BRACHO

Trazo de tiempo

Entre el viento y lo oscuro,
entre el gozo ascendente
y la quietud profunda,
entre la exaltación de mi vestido blanco
y la oquedad nocturna de la mina,
los ojos suaves de mi padre que esperan; su alegría
incandescente, Subo para alcanzarlo. Es la tierra
de los pequeños astros, y sobre ella,
sobre sus lajas de pirita, el sol desciende. Altas nubes
de cuarzo, de pedernal. En su mirada, en su luz envolvente,
el calor del ámbar.
Me alza en brazos. Se acerca.
Nuestra sombra se inclina ante la orilla. Me baja.
Me da la mano.
Todo el descenso
es un gozo callado,
una tibieza oscura,
una encendida plenitud.
Algo en esa calma nos cubre, algo nos protege
y levanta,
muy suavemente, 
mientras bajamos.



HERMANN HESSE



Lobo estepario


Yo, lobo estepario, troto y troto,
la nieve cubre el mundo,
el cuervo aletea desde el abedul,
pero nunca una liebre, nunca un ciervo. 



¡Amo tanto a los ciervos!
¡Ah, si encontrase alguno!
Lo apresaría entre mis dientes y mis patas,
eso es lo más hermoso que imagino.
Para los afectivos tendría buen corazón,
devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles,
bebería hasta hartarme de su sangre rojiza,
y luego aullaría toda la noche, solitario. 



Hasta con una liebre me conformaría.
El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche.
¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar
una pizca la vida está lejos de mí?
El pelo de mi cola tiene ya un color gris,
apenas puedo ver con cierta claridad,
y hace años que murió mi compañera. 



Ahora troto y sueño con ciervos,
troto y sueño con liebres,
oigo soplar el viento en noches invernales,
calmo con nieve mi garganta ardiente,
llevo al diablo hasta mi pobre alma.



Versión de Andrés Holguín






viernes, 2 de noviembre de 2012

STEPHEN SPENDER


PALABRA

La palabra muerde como un pez.
¿La lanzaré de nuevo en libertad
como una flecha al agua
donde los pensamientos flagelan cola, aleta?
¿O la despedazaré
para que rime sobre un plató?




Versión de Jorge Ferrer Vidal

CÉSAR SIMÓN

UN DÍA OCULTO

Hoy es un día oculto de tu vida.
Nadie te espera. Y a nadie has convocado.
Tomas asiento en el sofá, con el libro de turno, para subrayar.
Todos los comienzos de libro te sugestionan;
quisieras, inmediatamente, comenzar a escribir lo mismo.
Pronto lo cierras, sin embargo.
Te atraen, irresistibles, los balcones
-una panorámica ciudadana cualquiera
y un espacio de cielo invernal, anodino y gris-,
inclinación que ignoras si responde a una indolencia innata,
a una resistencia a la concentración mantenida,
o a una vocación más oculta
¿Cuántas novelas, cuántos libros de ensayo o poesía,
que nunca has concluido?
No es un día cualquiera, sin embargo.
Te sientes alto.
Sientes la gravedad irreductible
que es la esencia más honda de la vida.
En esto has trabajado sin descanso,
sí, sin descanso, con la vocación más intensa,
a jornada absolutamente completa.
Estar aquí sentado no es inútil.
Sentado o paseando es gravitar,
lograr una mirada a la vez desenfocada y dispersa,
atónita y circunfleja,
y una mueca ni alegre ni sombría.
Sabes que todo pasa,
que nadie entiende nada, sumergido
en lo que apenas entrevemos,
el nunca que traduce lo inasible,
lo excesivo del propio universo,
el universo que sobrepasa a sí mismo y se ignora a sí mismo,
como una ballena dormida en la plenitud del océano.
Late tu carne silenciosa,
percibes su sabor,
sigues en el silencio meditando.
¿Qué ocupación es esta?
¿Qué vocación es esta de sentirse en lo alto?


Contemplar el mundo,
contemplador con algo mucho más allá que el placer,
pues tu mirada no posee esa entidad resbaladiza y delectante
de los que todo lo cifran, empequeñeciéndolo, en sufrir y gozar.
No, cuando estás sentado ya no gozas ni sufres
-aunque aquí, sobre este mismo sofá, has temido muchas
veces la muerte
o has brindado por lo pequeños éxitos personales de tu
existencia-;
es mucho más que eso, hay en la vida mucho más que placer,
es una fiebre sin temperatura,
una sensación encumbrada y hermética, solitaria y distante,
acorde con lo impalpable de los días,
que llenan nuestras horas de delicadeza, verdad y plenitud,
que son como nuestro gran tesoro escondido, nuestra propia
sombra,
pero que no consisten en nada, fundamentalmente.
Estar alto es ser mundo en el nivel que fluye,
en el nivel que pasa,
los cielos grises y los grises espacios invernales.

jueves, 1 de noviembre de 2012

EUGENIO MONTEJO



Elegía a la muerte de mi hermano Ricardo

Mi hermano ha muerto, sus huesos yacen
caídos en el polvo. Sin ojos con qué llorar,
me habla triste, se sienta en su muerte
y me abraza con su llanto sepultado.

Mi hermano, el rey Ricardo, murió una mañana
en un hospital de ciudad, víctima
de su corazón que trajo a la vida
fatales dolencias de familia.

Mi madre estuvo una semana muerta junto a él
y regreso con sus ojos apaleados
para mirarme de frente. Aún hay tierra
y llanto de Ricardo en sus ojos.

Perdía voz –dijo mi hermana, tenía febricitancia
de elegido y nos miraba con tanta compasión
que lloramos hasta su última madrugada.
Mama es más pobre ahora, mucho más pobre.

Mi familia lo cercó. Él nos amaba
con la nariz taponada de algodones.
todos éramos piedras y mirábamos
un río que comenzaba a pasar.

Lo llevaron alzado como un ave de augurios
y lo sembraron en la tierra amorosa
donde la muerte cuida a los jóvenes.
Cuando bajó, sollozaba profundo.

El rey Ricardo está muerto. Sus pasos
de oro amargo resuenan en su sangre
donde caminan con fragor de tormenta.
Su nombre estalla en mi boca como luz.

Todos lo amamos, mi madre más que todos,
y en su vientre nos reunimos en un llanto compacto:
desde allí conversamos, como las piedras,
con un río que comienza a pasar.