ALDA MERINI

I.

De salto en salto,
de camino en camino
llego al demonio de la misericordia,
el que me exalta, me amonesta, me aniquila.
Demonio del sacrificio insolente,
ángel sin luz.
Y la tierra que arde en mi boca no es plegaria,
y la boca que arde en mis manos no es tierra.

II.


Confusión de planos extáticos, eróticos, fijos,
de existencias asimétricas,
de poluciones nocturnas,
de flores de una ausencia olvidada.
Esto es la tierra carente de los derechos humanos,
esto es la tierra del pecado.
Mezcla de sangres de dos ocasiones perdidas,
un paraíso olvidado.
Mis manos sofocaron el cordero,
el pecado me partió en dos,
el sentido actuó sobre el alma,
el alma murió en el sentido.
Y aun así el demonio transformado en espíritu
rompe las aguas del sacrificio,
y el grito no es humano ni divino:
es el grito de horror
de quien siente acercarse su infierno.




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