viernes, 3 de mayo de 2013

GRACIAS, GRECIA, POEMAS.

GRAÇA PIRES

Envejecemos con una vara
de medir el sol entre los ojos.
No comprendemos esas señales
inscritas en el margen del abismo.
Ni a los bosques que abrigan
las sombras y la lluvia.
Ni esa misteriosa relación de los astros
en la parte callada de los cielos.
Un alboroto sordo resuena, funerario,
en el paisaje cuando, más allá de los montes, el trino de los pájaros
es tan nítido como el soplo de ese miedo que trastorna
la leve inclinación de las planicies.

Graça Pires, Uma vara de medir o sol (Trad. José A. García Caballero)


YORGOS SEFERIS


Κάτω στὶς δάφνες
κάτω στὶς ἄσπρες πικροδάφνες
κάτω στὸν ἀγκαθερὸ βράχο
κι ἡ θάλασσα στὰ πόδια μας γυάλινη.

Θυμήσου τὸ χιτώνα ποὺ ἔβλεπες
ν’ἀνοιγει καὶ νὰ ξεγλιστρᾶ πάνω στὴ γύμνια
κι ἔπεσε γύρω στοὺς ἀστραγάλους
νεκρὸς –
ἂν ἔπεφτε ἔτσι αὐτὸς ὁ ὕπνος
ἀνάμεσα στὶς δάφνες τῶν νεκρῶν.

Σεφέρης, Τρία κριφά ποιήματα (Θερινό ἡλιοστάσι, ΣΤ’)


Bajo laureles
bajo blancas adelfas
bajo las escarpadas rocas
y el mar de cristal  a nuestros pies.

Recuerdo el quitón que mirabas
abrirse y escurrirse sobre la desnudez
cayendo alrededor de los tobillos
muerto-
si cayera así este sueño
entre aquellos laureles de los muertos.

Yorgos Seferis, Tres poemas escondidos (Trad. Amparo Gasent y José Ángel García)


ODYSEEAS ELÝTIS

μονόγραμμα


Είναι νωρίς ακόμη μές στόν κόσμο αυτόν,μ’ακούς
Δέν έχουν εξημερωθεί τά τέρατα, μ’ακούς
Τό χαμένο μου τό αίμα καί τό μυτερό,μ’ακούς
Μαχαίρι
Σάν κριάρι πού τρέχει μές στούς ουρανούς
Καί τών άστρων τούς κλώνους τσακίζει,μ’ακούς
Είμ’εγώ,μ’ακούς
Σ’αγαπώ,μ’ακούς
Σέ κρατώ καί σέ πάω καί σού φορώ
Τό λευκό νυφικό τής Οφηλίας,μ’ακούς
Πού μ’αφήνεις,πού πάς καί ποιός,μ’ακούς

Σού κρατεί τό χέρι πάνω απ’τούς κατακλυσμούς

Οί πελώριες λιάνες καί τών ηφαιστείων οί λάβες
Θά’ρθει μέρα,μ’ακούς
Νά μάς θάψουν , κι οί χιλιάδες ύστερα χρόνοι
Λαμπερά θά μάς κάνουν περώματα,μ’ακούς
Νά γυαλίσει επάνω τούς η απονιά,μ’ακούς
Τών ανθρώπων
Καί χιλιάδες κομμάτια νά μάς ρίξει

Στά νερά ένα ένα , μ’ακούς
Τά πικρά μου βότσαλα μετρώ,μ’ακούς
Κι είναι ο χρόνος μιά μεγάλη εκκλησία,μ’ακούς
Όπου κάποτε οί φιγούρες
Τών Αγίων
Βγάζουν δάκρυ αληθινό,μ’ακούς
Οί καμπάνες ανοίγουν αψηλά,μ’ακούς
Ένα πέρασμα βαθύ νά περάσω
Περιμένουν οί άγγελοι μέ κεριά καί νεκρώσιμους ψαλμούς
Πουθενά δέν πάω ,μ’ακους
Ή κανείς ή κι οί δύο μαζί,μ’ακούς

Τό λουλούδι αυτό τής καταιγίδας καί μ’ακούς
Τής αγάπης
Μιά γιά πάντα τό κόψαμε
Καί δέν γίνεται ν’ανθίσει αλλιώς,μ’ακούς
Σ’άλλη γή,σ’άλλο αστέρι,μ’ακούς
Δέν υπάρχει τό χώμα , δέν υπάρχει ο αέρας
Πού αγγίξαμε,ο ίδιος,μ’ακούς

Καί κανείς κηπουρός δέν ευτύχησε σ’άλλους καιρούς

Από τόσον χειμώνα κι από τόσους βοριάδες,μ’ακούς
Νά τινάξει λουλούδι,μόνο εμείς,μ’ακούς
Μές στή μέση τής θάλασσας
Από τό μόνο θέλημα τής αγάπης,μ’ακούς
Ανεβάσαμε ολόκληρο νησί,μ’ακούς
Μέ σπηλιές καί μέ κάβους κι ανθισμένους γκρεμούς
Άκου,άκου
Ποιός μιλεί στά νερά καί ποιός κλαίει -- ακούς;
Είμ’εγώ πού φωνάζω κι είμ’εγώ πού κλαίω,μ’ακούς
Σ’αγαπώ,σ’αγαπώ,μ’ακούς.



El Monograma


Es temprano todavía en este mundo, me oyes
No han sido domesticado los monstruos, me oyes
Mi sangre perdida y el aguzado, me oyes
Puñal
Que corre como carnero por los cielos
Y quiebra las ramas de las estrellas, me oyes
Soy yo, me oyes
Te amo, me oyes
Te tengo y te llevo y te visto
Con el blanco traje nupcial de Ofelia, me oyes
Dónde me dejas, adónde vas y quién, me oyes
Te toma de la mano por encima de los diluvios
Enormes lianas y lava de volcanes
Llegará el día, me oyes
En que nos entierren y miles de años después, me
oyes
Nos convertirán en rocas brillantes, me oyes
Para que sobre ellas luzca la crueldad, me oyes
Humana
Y en cinco mil añicos nos arrojará, me oyes
A las aguas uno-a-uno, me oyes
Mis amargos guijarros cuento, me oyes
Y es el tiempo una gran iglesia, me oyes
Donde a veces en las imágenes, me oyes
De los santos
Surgen lágrimas verdaderas, me oyes
Y las campanas abren en lo alto, me oyes
Un hondo pasaje que permita mi paso
Aguardan los ángeles con cirios y fúnebres salmos
No voy a ninguna parte, me oyes
O ninguno o los dos juntos, me oyes
Esta flor de la tormenta y, me oyes
Del amor
De una vez para siempre la cortamos, me oyes
Y no habrá de florecer de otra manera, me oyes
En otra tierra, en otra estrella, me oyes
No existe el suelo, no existe el mismo aire, me oyes
Que tocábamos, me oyes.
Y ningún jardinero tuvo la dicha en otros tiempos
Después de tanto invierno y tantos vientos fríos,
me oyes
Que nazca una flor, sólo nosotros, me oyes
Levantamos toda una isla, me oyes
Con grutas y cabos y acantilados florecidos
Oye, oye
Quién habla a las aguas y quién llora - ¿oyes?
Quién busca al otro, quién grita - ¿oyes?
Soy yo que grito, soy yo que lloro, me oyes
Te amo, te amo, me oyes.

CESARE PAVESE


Ulises

Este es un viejo sin ilusión, porque ha hecho a su hijo
demasiado tarde. Se miran a la cara cada tanto,
pero antes bastaba un cachetazo. (Sale el viejo
y regresa con el hijo que se aprieta una mejilla
y no levanta más los ojos). Ahora el viejo está sentado
hasta la noche delante de una gran ventana,
pero no llega nadie y la calle está desierta.

Esta mañana ha escapado el muchacho y regresa
esta noche. Se sonreirá burlón. A nadie
querrá decirle qué comió en el almuerzo. Tal vez
tendrá los ojos pesados y se irá a la cama en silencio:
dos zapatos embarrados. La mañana era azul,
tras las lluvias de un mes.

Por la fresca ventana
corre amargo un olor de hojas. Pero el viejo
no se mueve de la oscuridad, no tiene sueño de noche,
y querría tener sueño y olvidar cada cosa,
como en otro tiempo al regresar de un largo camino.
Para calentarse, gritaba y pegaba.

El muchacho, que está por volver, no recibe más cachetazos.
El muchacho comienza a ser joven y descubre
cada día alguna cosa y no le habla a nadie.
No hay nada por la calle que no pueda saberse
sentado frente a esta ventana, pero el muchacho camina
todo el día por la calle. No busca aún mujeres
pero ya no juega en el piso. Regresa cada vez.
El muchacho tiene un modo de salir de casa
que, quien se queda, entiende que ya no hay nada que hacer.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969

Versión de J. Aulicino


Ulisse


Questo è un vecchio deluso, perché ha fatto suo figlio
troppo tardi. Si guardano in faccia ogni tanto,
ma una volta bastava uno schiaffo. (Esce il vecchio
e ritorna col figlio che si stringe una guancia
e no leva più gli occhi). Ora il vecchio è seduto
fino a notte, davanti a una grande finestra,
ma non viene nessuno e la strada è deserta.

Stamattina è scappato il ragazzo, e ritorna
questa notte. Starà sogghignando. A nessuno
vorrà dire se a pranzo ha mangiato. Magari
avrà gli occhi pesanti e andrà a letto in silenzio:
due scarponi infangati. Il mattino era azzurro
sulle piogge di un mese.

Per la fresca finestra
scorre amaro un sentore di foglie. Ma il vecchio
non si muove dal buio, no ha sonno la notte,
e vorrebbe aver sonno e scordare ogni cosa
como un tempo al ritorno doppo un lungo cammino.
Per sacaldarsi, una volta gridava e picchiava.

Il ragazzo, che torna fra poco, non prende più schiffo.
Il ragazzo comincia a esser giovane e scopre
ogni giorno qualcosa e non parla a nessuno.
Non c'è nulla per strada che non possa sapersi
stando a questa finestra. Ma il ragazzo cammina
tutto il giorno per strada. Non cerca ancor donne
e non gioca più in terra. Ogni volta ritorna.
Il ragazzo ha un suo modo di uscire di casa
che, chi resta, s'accorge di non farci più nulla.



SEAMUS HEANEY

Acta de unión

I
Esta noche, un primer movimiento, un pulso,
como si la lluvia se acumulase en el pantano
hasta romper y desbordarse: una presa que estalla,
un tajo abriendo la cama de helechos.
Tu espalda es una firme línea de costa del este
y brazos y piernas se prolongan
más allá de tus colinas graduales. Acaricio
la palpitante provincia donde creció nuestro pasado.
Soy el reino elevado por encima de tus hombros
al que no halagarías ni puedes ignorar.
La conquista es mentira. Envejezco
tolerando tu orilla semi-independiente
dentro de cuyos límites ahora mi legado
culmina inexorable.

II
Imperialmente soy varón todavía,
dejando para ti todo el dolor,
el proceso de rendición en la colonia,
el ariete, la barrera que explota desde dentro.
El acta germinó en una obstinada quinta columna
cuya postura crece de forma unilateral.
Su corazón bajo tu corazón es un tambor de guerra
que llama a filas a la fuerza. Sus parasitarios
e ignorantes puños pequeños
ya golpearon tus fronteras y sé que apuntan hacia mí
por encima del agua. No veo ningún tratado
que ponga a salvo por completo
tu cuerpo hollado y estirado, el gran dolor
que, como campo abierto, te deja en carne viva, una vez más.





De "Norte" 1975

Versión de Vicente Forés y Jenaro Talens




CARLOS DE OLIVEIRA

Se siente la variación
en la atmósfera del cuarto; ¿una corriente
de aire? ¿con la puerta,
las ventanas cerradas?
el soplo viene quizá del estante:
poemas, diccionarios;
como si la biblioteca desprendiese
sustancias volátiles; o
que intentan volar; el temblor,
el presentimiento, despierta
los muebles fascinados; poco a poco,
en el aro de la pantalla,
dónde la diferencia es más sensible,
se condensa el rumor de las primeras
palabras: al final, son ellas;
y tan pronto como sus vuelos;
anteriores a la escritura; las precipitan
en el papel, se comienza a escribir.



JOSÉ ÁNGEL GARCÍA CABALLERO

ORÁCULO

Dirás palabras verdes
para volver a casa
a los dracmas rituales
que regresan de Delfos.

Será verde la idea,
como un laurel creciendo
antes de las ciudades.

Y verdes las monedas
que intercambien los ojos
de nuestra multitud.

Dirás el labio verde
que quiso ser la rama portadora
del odre sosegado
esta tarde cualquiera.

Verde como unos dioses
que borrasen pisadas
para volver, de nuevo, al laberinto,

eco de transistor en el insomnio
y cuerpos que preguntan
entre la clorofila.

José Ángel García Caballero, Inédito







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