RICARD BELLVESER

EL OLIVO MILENARIO

Allí está, erguido e impasible, el olivo
milenario con su don de basílica
pagana, renovándose sin reposo
en un diluvio de hojas ocres
que danzan el baile del último descenso,
y velan este atardecer de mi existencia
con una llovizna de pavesas inflamadas
a las que la luz del sol de la tarde, dora.
Cada rama se retuerce y vence,
y la vida se vuelve a sospechar en sus brotes,
yemas que revientan de futuro,
árbol en movimiento, vivo y pleno,
dejando de ser y siendo a la vez
como un río antiguo.
Exactamente eso es la vida,
y ha sido mi existencia en ella:
apenas un instante entre el sueño
de la inteligencia y el no ser,
un paréntesis entre la luz y la no luz,
una chispa en el tránsito hacia un modo
que se apaga.






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