JOHN ASHBERY

PARA SER AFRENTADOS

Durante un rato captamos el espíritu de las cosas
tal como habían ido a la deriva en el pasado. Y llegamos
a conocerlas muy bien. Se deslizaban telarañas
sobre la costa. Impávida, la chica hurgó
hasta sacarlas de las nubes, siendo como eran todas misteriosas                                                   
y correosas. Después una mortaja se alzó
con ellas sobre el sueño de cemento de los taxis y la vida.
Esta era la más o menos previsible
manera de salir corriendo de las cosas. Y de volver
juntas de nuevo. Lo que no podíamos ver era
un placer. Julio pasó muy rápido.

Más que lo que pasaba, más incluso
que un deshacerse de círculos cerca del medio
y del final, era la vela que estaba en la bóveda,
mascullando inclemencias del tiempo,
los hastiales. Imagina una película que es igual
que la vida de alguien, la misma duración, los mismo índices.
Ahora imagina que actúas en ella, de secundario,
un papel de hecho más importante que los protagonistas.
¿Cómo juzgas que está más que
mediada? Cuando una tundra en tonos pastel
entra en tropel por todos los lados como una mandala,
no hay sitio al que la niña chiquita pueda ir.
Juega con nosotros, en nuestra cabalgata; uno se avergüenza
de haber estado fuera tanto tiempo y dejado que lo que fuese
llegara al estado en que ahora está. Demasiado tarde, la cabeza                                                   del jabalí resplandece sobre la chimenea con solitario
fastidio arquetípico por el modo en que el tiempo acaba de pasar.
Es demasiado tarde para los húsares y la figura inclinada
al fondo: cuando era joven yo
pensaba que él era un mago o quizás un olvidado
charlatán de una remota capital. Ahora no estoy seguro.


(De "Un país mundano" Editorial Lumen, traducción de Daniel Aguirre)


Comentarios

  1. Dime ¿quién puede estar seguro de algo?
    Ni siquiera de ser protagonista de vida alguna.

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