RAFA CORRECHER

XXXII




Aridez en la forma
de deslizar mis manos
sobre la duda
en una habitación
cargada de palabras hasta el límite.

Porque sucede así,
es como si cogiera una manzana roja
y lustrara
su piel brillante
un poco más.

No hay epitafio
para promesas incumplidas
en la escritura honesta,
y tú lo sabes;

 aunque la monda de la fruta está en mis manos,

tuyo es el corazón de la manzana.






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