CÉSAR SIMÓN

Quien celebra los días

Quien celebra los días
no los celebra.
Quien levanta la copa
nada ofrece.
(Abrir una ventana y desnudarse
en más que trascendente.
Amar es tenebroso;
acariciar, oscuro;
pero quien acaricia lo comprende).
Nunca he brindado por la vida; soy la vida;
por lo tanto, la vivo plenamente.

¿He buscado la vida sin hallarla?
¿Estuvo en cada instante?
¿La conocí a través de la pereza
y de la dispersión, del ocio sin placeres y del tedio?

La conocí y la fui tan plenamente
que no he necesitado celebrarla.
Por haberla perdido y malogrado,

por eso fui la vida sin saberlo.
Quien no contempla el mar no lo comprende.


* * *

Se me fueron los días sin saberlo.
Quien ama el mundo calla, porque teme;
quien no lo ama tanto ama a su amor
y ensalza su delirio.
Se me fueron los días sin saberlo,
se me pasó la suerte,
amé y callé, y en el silencio vivo
el amor que no dije, dulce carne
tras la quietud silente de los muros.

En la mueca lejana que a la sombra
dibuja nuestro ceño,
la conexión oculta
transparenta las aguas del remanso.
Amar es la caricia
que en la profundidad
transmite nuestro aliento,
que en la sacralidad
oficia nuestro paso.

Pero el mundo transcurre sin saberlo.
Hay un fluido oculto en toda playa;
manifiesto en el hálito marino,
penetra las ventanas,
inunda los salones y los cuartos.

* * *

Sobre el firme dibujo de las casas
boga una lenta nube
y esplende el sol del tedio.
Azul estanco, fugitivo azul,
nadie puede anotar las impalpables
efemérides claras
que, indiscutibles sueños,
se presentan, sonríen y se pierden.

Tangible es la firmeza de los sueños;
no nos engañan, viven,
son, en definitiva;
apostamos por ellos,
los oprimimos sin reservas
a nuestro corazón,
convencidos del peso que acreditan;
hasta que desde el fondo nos sonríen
en su degradación inevitable.

Hay, sobre los tejados,
un silbido de antenas.
Escuchad su fluido; el viento ulula
de levante a poniente;
las cortinas se apartan a su paso;
en el azul flamea el sol radiante.
Ciudad lejana, fuiste.
Temblorosa en la arena,
hundida en el marasmo,
ciudad, lo fuiste todo,
el vano centro, una vez más,
de la extensión amarga,
el exponente fantasmal del mundo.



"César Simón dejó formuladas todas las preguntas, y todas eran una, y no hubo más respuesta que el asombro. Luego, se fue más adentro, y allí cantaba el grillo desvelado, con su más nítida voz, con la más honda, esperando por nada, por nadie, y aún enamorado. Dolía leerlo. Y era grande el consuelo." 
(Vicente Gallego, Poeta)




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