EL NADADOR NOCTURNO - Rafa Correcher

NOTA DEL AUTOR AL LECTOR



Querido lector, perdona esta intromisión pero necesitaba que me prestases un momento de tu tiempo antes de comenzar la lectura, porque, en cuestión de segundos, estos versos dejaran de pertenecerme.   
Mientras escribo estas palabras ya siento como mi sombra se difumina, desaparece y deja el paso franco a tus propias reflexiones y, en esta página que, paradójicamente, es la primera de este libro, pongo punto y final a un camino que comenzó hace cuatro años con una cita de Carlos de Oliveira.
El vuelo de una idea me trajo muchos interrogantes y comencé a escribir anotaciones, desvelos e insomnios, paisajes de plazas vacías, destellos, miradas. En muchas ocasiones tuve que detenerme para respirar, tomar aire y nombrar aquello que era doloroso o merecía ser nombrado para no caer en la indiferencia. Quise plantear también alternativas y entablé un diálogo con otros poetas, con sus silencios y revelaciones, con sus hallazgos pero también con sus temores e indecisiones.
Sólo llegaba a tocar con la punta de los dedos, como un nadador nocturno, algunas luces reflejadas en el agua que me servían de referencia para vislumbrar, en la lejanía, el camino de regreso a la playa de la que había partido, la certeza de volver a pisar tierra firme de nuevo. Y al final, en cada brazada, lo único evidente era siempre el asombro de la primera observación y la duda. Inevitable pero también necesaria para edificar una nueva conciencia, una nueva manera de ver las cosas y analizar el mundo.
Así, mi querido lector, con esta incertidumbre contagiosa, ausente hoy de mí, no de los otros, pongo punto final a mi viaje. Comienza ahora el tuyo, si así lo deseas.  



  

I. LA PUNTA DE LOS DEDOS



Y tan pronto como sus vuelos;
anteriores a la escritura; las precipitan
en el papel, se comienza a escribir
Carlos de Oliveira




El nadador



Te gustarán los minaretes,
las cúpulas brillantes
al sol, que no conoces.

No mires mis pies sucios
mientras atravesamos este río
de azul mecánico.

Razones algebraicas tus brazos y mis brazos.

Alambre maleable, la nube taciturna
tiende sus redes.

Tengo la boca sin perfil.
Mi tiempo está vacío.

Mi casa sola.




Matizaciones


A Antonio Cabrera

Lo bueno es ser la lluvia
y no esperarla
cuando nos sobra luz
para entender que no podríamos
ganar la redención con un poema.

Pero nunca me escuchas
y recuperas otra vez de tus anotaciones
esa tranquilidad tan apacible
de las ventanas limpias
o aquel cuidado repertorio
de hallazgos minerales
que tanto celebraba tu inocencia.

No puedo describirte
la imagen que proyectas
aferrado a la piel de las palabras;
un lápiz ya cadáver en tus dientes,
y la mirada roja
del hombre que ha vendido sus demonios.


Círculos





Por tu pupila,

en círculos,
un pequeño albatros
trasparente

vuela.

 

 Desvelo

  

Qué soy en estas manos,
en esta idea
de carne y sangre
enfrentada a un espejo.

Qué cinta
sostiene en vilo
esta corona imaginaria
de palabras.




Del otro lado de la puerta





Orgánica

alumbras
la llama del candil.

Fuera la noche dice
que las vides
serán el movimiento,

La simetría
viva
de tus gestos
del otro lado de la puerta.

 

  

Palabras


A Miguel Veyrat

La palabra muerde como un pez
Stephen Spender


Nunca son las palabras
exactamente dóciles;
bajan las escaleras
y miran los peldaños
como si fueran
los nervios de este cielo de cartón.

Te asomas al jardín, el humo de la hoguera
da forma a lo que piensas;
un aire viejo impulsa
el tronco del laurel,
lo vuelve cangilón de viento.

Nunca son tus palabras
precisamente dóciles,

se quejan en silencio como madera vieja.




Insomnio


Sarajevo, invierno de 2012

Fueron soltándose, una a una,
las cuerdas de tu piano
mientras el fuego las mordía.

De fondo la ciudad,
la nieve y ese reflejo del incendio
en los cristales
del autobús que ardía calle abajo.

Entonces recordé cuando era un niño,
y en el bosque jugábamos,
los pies desnudos, tan fríos como témpanos.

También ahora hace frío y ya oscurece;

un pájaro
se refugió en la cañería.

Dadme alguna palabra en la que pueda descansar.

Estoy aquí.

El tiempo se quebró como una rama.



Plaza vacía


A veces es tan bella una plaza sin nadie, que duele meditarla.
José Ángel García Caballero



Son mis recuerdos y los tuyos,
a salvo hoy de la memoria,
acotaciones en un libro
dispuesto sin querer entre los bancos
tan amigables de la plaza.

Fotografías que tú no has visto
y ahora por fin descubres en mis ojos:
acantilados blancos
o mariposas
perdidas en la luz artificial.

Ellos reciben el calor de mis preguntas,
la niebla torrencial de los regresos,

esa asonancia
cuando el pasado llora su luz en los portales.



Sísifo

  

La luz quema las páginas del libro
y fija su ceniza en las palmeras.

Es esta somnolencia de la tarde
un cielo rojo y el sudor
de Sísifo arrastrando
oraciones e insomnios.

Y esa piedra redonda
es un arado
que traza su camino en torno a mí.



  

Arte Poética


A Rebeca Díaz y Mar Busquets

Cansado de los nombres asumo nuevos riesgos
y aparto
el horizonte blando de la niebla.

Invoco soledad
donde agrupar mis multitudes
y olvido notas previas, también caligrafías.

Desesperadamente extraño
y sin remordimientos,
descubro nuevas ecuaciones
en los ojos biográficos
                                   de los puentes.
Lloro sin rabia
sobre estas dos mejillas de papel.

Ausente hoy de mí, no de los otros,
al fin regreso,
con esta incertidumbre contagiosa.




Febrero en Tracia


“Pero cuando los dioses cayeron de rodillas ante él,
 se asustó y les rogó que se levantaran”
Elías Canetti
El viento suena ahora diferente,
tal vez sean los dioses,
suplican y nos llaman en Tracia a la oración,
a ese peregrinaje mejilla con mejilla.

Hay rosas en los muros
pero el viento en la noche
se llevará tus sueños, 
mi poder de invocarlos.

Un hombre reza y llora,
no conoce
la luz tan germinal de estos prodigios.

También los dioses huyen con pesar,

aún brilla su fulgor
en las columnas rotas;

y esa luz va ganando los días que me quedan.

Perdido en la traducción




He visto un dinosaurio reflejado
en los cristales de tus gafas,
no es una broma:
miro tus manos tan pequeñas,
ese paraguas transparente
-lo acabas de comprar hace un momento-
y me imagino otro viaje
mientras intento descifrar
la lógica final de los suicidas.

Y es cierto, hoy tienes tú razón,
todo es muy discutible
pero también a veces es la nube
un olvido imprevisto
y regresar
a esa ciudad a medio hacer
donde no existen diccionarios;
y como de costumbre,
porque ya me conoces,
perdido en la traducción.

 


Nocturno

 

Pone la noche
un brillo de bengalas en la acera.


  

Destello




Aquella diminuta espuela rubia
marca en mis ojos
una herida tan simple
que sana sin saberse herida.



La mirada detenida




La batería de los platos
contra la cafetera;
algún mantel perdido entre limones
y aquel jarrón
inmóvil
no cesan de decirme
que el gas que flota en la cocina
es gris como esa nube.




Farolas


  
No dejes que te engañe el espejismo
porque su espectro es sólo barro.

Este fulgor a medio hacer
bendice humilde
la luz de las farolas

una oración
al color tenue
donde
algunos de nosotros existimos.










Desde la calle







La calle está vacía,
su pulso verdadero
toma la luz a sorbos
y, mientras duerme en el asfalto
un viento
horizontal e inmóvil,
arriba el sol inquieto
enciende las debilidades.



La joven de la perla


A Juan Pablo Zapater



Tiene sus límites
en el talco
de tu mirada.

Y a la luz de las velas
se mantendrá inmóvil
con ese gesto
de claridad segura.

Sus ojos
otra vez,
como un rasguño de inmortalidad;
lo que dure,
bajo este pensamiento,
un cielo de papel azul turquesa.





Taller de poesía



A Elena Escribano y Polimnia 222



Es arrojar el lastre por la borda
y disolver
la sal de tus palabras más pesadas;

cortar su ligadura con la tierra

o definir
desde su base,
un arco de incerteza en cada sílaba.

 

Secundaria



A José Ángel García Caballero



El lápiz distraído en el pupitre,
astillas de madera silenciosa.

Temblor y picadura de mosquito
en el papel.

Los años son de tiza en los pasillos;

soldados de fortuna color plomo
se hunden en el blanco de esta página.


De nuevo





Para sobrevivir es necesario
pensar
todo de nuevo,

utilizar
las frases más valiosas de los locos,
hacer de su escritura travesía,
vela nocturna,

Acomodarse siempre
a la distancia y a la noche,
desdeñar el agua quieta
en los sudarios

y, sobre todo,
abrigar
con las palabras vírgenes
la dolorida piel de los mártires.



Dylan





Son siempre mis alrededores;

un paisaje de trazos amarillos.

Pregunto al jardinero el nombre de estos árboles;
nunca recuerdo nombres ni ciudades.

Miro un gorrión que bebe
-es un pequeño péndulo con plumas-,
y me observa.

Su silencio
es la cuchilla de afeitar
que rompe con su brillo entre las hojas.

 

II. CUANDO TE FALTA EL AIRE


 Para existir se necesita primero ser nombrado.
Edmond Jabès




Cabañal dry


 “a veces, sin más, el mundo se para”

La Buena Vida


Tú no le tienes miedo a los espejos;

es así,

tan cierto como el cielo que nos mira,

nos oye, nos rodea

con su espina dorsal, con su acento de sur desangelado.


En su ginebra amarga

una estación olvida nuestra sangre,

dibujos de algún náufrago

en sus muros,

en la madera de este banco.



Sentado aquí

 y absorto en otra luz

-la nota que dejaste

esta mañana en el cristal,

soy el hombre que vive en las voces ajenas,


su raspadura de minutos

en los durmientes de este andén.

Humo



El humo dignifica, bajo su propia sombra,
un afán indeciso de ser nube.

 


Silencio

 


El lastre que contienes
escapa
como aire prisionero en la burbuja

 


Carrera






Una niebla tan densa como el humo
marcaba el lomo de la yegua.

Recuerdo el golpe seco de aquellos cascos en el barro
y un cielo limpio.

Aquella mancha de sudor en su pelaje
y su inmovilidad después
eran la excusa
para difuminarse entre la hierba
y así escapar de su jinete,

de mis preguntas,

de aquella terca necedad
de los obstáculos.




Alternativas







Qué hacer cuando no hay marcas,
cuando
no hay camino
para volver,

para quedarse.






Inevitable


A Jorge Correcher

Inevitable,
ahora que el sol avanza y asciende
arriba
y ciega el pensamiento
aunque publica en los olivos
últimas voluntades.

También inevitable
que la arena se maldiga a sí misma
como altavoz de grises
que guarda en su mirada
el humo vertical de tu conciencia.

Inevitable
que la sangre madure como fruta
en rostros prematuros
y en el grito senil de las edades;

Inevitable
hacer de una matanza, rito.

 

 

Indecisión






Está en los ojos de los peces
cuando descubres en la orilla
su temor
bajo tus pasos.

Hablo de intensidad,
del vértigo que llega cuando escapas
cada minuto del presente
y una aleta dorsal
rasga la superficie como un cuchillo ciego.

Ese pequeño pez que se evapora
es como tú,

su decisión es tu victoria
y su ceguera tu reflejo.





Último adiós a Kane Samasse




La Guardia Civil recuperaba del agua el cuerpo sin vida de este joven inmigrante que intentó entrar a nado desde Marruecos.  Su lápida, con una flor roja como fondo y de color gris claro, tiene esta inscripción:
“Kane Samasse, Mali, 1983, Ceuta 2011”




Nos sacudía
partes resecas
de nuestra propia humanidad
sobre los ojos.

Hasta que no hubo más que algún silencio,
la extraña disciplina
del ángel de granito
y aquellas formas amarillas
sobre la tierra del jardín.






Oración bajo los olivos


…pero no se haga mi voluntad sino la tuya.
Lucas 22-42


Maldito seas tú que no recuerdas
este espacio de cieno y resistencia.

Dime cómo podré seguirte hoy
cuando es todo precario
y se hunde la razón en este pozo.

Tu voz era semilla de todo lo que late.

En este huerto de dolor
ya no hay piedad para una hoguera
que siempre lleva dentro su vocación de barro.

No busques más en mí
el vino y la conjura,
tus dedos ahora beben
del miedo que se agolpa en mis heridas.




Horses




Escucho como canta Patti Smith
y observo desde lejos caballos que galopan
bajo las venas de mi madre.

El Valium se disuelve perezoso
y ahora la entretienen algunas letras negras
en la pared:
ella dice que están borrosas;
yo cuido sus zapatos.

Para un caballo viejo ya son muchas heridas,
nunca podrá saltar tantos obstáculos.

El agua del gotero
mide los sueños de mi madre.

su pulso pide calma en el tensiómetro:

sea su corazón un trote corto.

 



Barrio de Shaar (Alepo, Siria)



I.
Si contemplar el sol otra mañana
aquí es todo un milagro,
tampoco es menos cierto
que en Shaar ya nadie quiere
pensar en esa intercesión.

El cielo puede ser como una capa oscura,
pesado como piedra.

II.
En el barrio de Shaar
los ojos de la gente tintinean
y los tullidos,
como viejas estatuas bizantinas,
agitan sus banderas
blancas sobre los muros desgajados.

III.
Es mediodía,

hay nieve ahora
en casi todos los balcones.

Fotografía en una lápida






No se lamentan,
y nunca tienen frío
pero sus rostros
no llevan bien la cuenta de los días,

esa quietud estoica
que vuelve el tiempo color sepia
los hace víctimas del tedio.

Es fácil estar muerto.

Así se entiende
por qué tan sólo necesitan estas calles,

las flores mustias y los gatos
como única noticia,

su interruptor de la memoria.



Invierno






Cambia tanto la luz en la ciudad
que resulta difícil entender
su brillo en el cristal de las siluetas.





Cada día








Salgo de casa,
alguien dejó
en el zaguán
un espejo sin marco,

y un sol antiguo.






Caín







Un golpe de sudor se desintegra
en ti
hasta tocar la tierra.





Viajeros





Desmenuzad las cosas
hasta que solo os quede
una hebra diminuta,


el vértigo benigno del principio.







III. ALGUNAS LUCES


Quisiéramos una certeza
Giuseppe Ungaretti





Campo de girasoles





El girasol descubre, donde la luz no toca,
una tregua amarilla en su camino
de verbos inocentes.





Praga, Puente de Carlos




Su silueta en la noche, una espiral de sombra descendida.

Y las palabras
son piedras simples sobre el río
bajo los ojos
de esta ciudad
donde los puentes tocan tierra
cubiertos de la arcilla que disecciona nieve,

blanca
como la piel de los prodigios.




Monosílabos


A Migue Correcher

Hoy pones en tus labios
apenas cuatro letras;
un pequeño raudal que se malogra
en las brasas del aire.

Son ojos que te miran impacientes,
como una lluvia negra entre palabras.

Nunca te dejan libre;
trazan el laberinto de tus sueños
porque su brevedad levanta muros.

Diluyen esa sal
que encuentras en el agua del lenguaje
y no tiene retorno.

Nunca conocerán
las lágrimas de Ulises
ni el rostro demacrado de Penélope.




Memento







Perdido rompe el sol
la llave de un instante
y arrastra
la arena de su génesis.

Congela
en su fatiga incomparable
esta breve parábola
del vidrio y del espejo.











Una fotografía de John Coltrane



A John Coltrane, saxofonista de jazz, in memoriam






En la fotografía él sonríe,

sobre un mantel anónimo
dibuja notas,

el humo de sus dedos
deja un espacio
en el papel;

un silencio de lava se lo bebe.







Mi casa






Y pude ver dos mares en la orilla;

en el vaivén de aquella unión
había belleza;

pero también había una renuncia;

entonces quise preguntar
de qué lado estaría
la muerte;

qué construcción
de pensamiento o de condena
pondría fin
a las paredes de mi casa.


 



Tiempo





Quise que me enseñaras a escribir
desde el calor del agua que empaña los cristales
pero mi vista está borrosa
y calco los dibujos de este álbum
para ti.

Algunas migas quedan en la mesa,
escucho los crujidos de la casa
y tú sonríes.

Compruebo la blancura de estos folios,
algún punto de luz
alumbra las acacias
y me sorprende averiguar
que es tiempo lo que falta en la despensa.



 



Las buenas intenciones



Las buenas intenciones nunca son suficientes;
¿o acaso no lo ves?

Vas a podar el seto,
recogerás también las hojas sueltas;
esa pequeña cortadora
se oxida con el agua
y el hierro deja surcos en esta tierra húmeda.

Hueles despacio el aire;
parece como si hoy fuera a empezar el mundo.

La lluvia le da un margen
al tiempo que te tomas
para pensar.

Despierta,
debes tener cuidado con los dedos,
y deja todo en casa bien guardado:
 
tus buenas intenciones
también.


Nenúfares





Escondo mi cabeza bajo las verjas azuladas
de tus dedos,

la tela de una nube
entra en la habitación,
deja sombras quebradas
y toma 
este silencio.

No tengo un rumbo fijo.

Afuera,
tan sólo me entretienen
palomas que se aferran
al dorso de mi mano
y el óxido solar de esos nenúfares.



 Diciembre



There is not greater love
Miles Davis

A Rafael Coloma Ruiz


Qué va a ser de nosotros si dicen que diciembre
es un inmenso vertedero.

Pero no nos importa
porque no duele
y tú improvisas
un ritmo dividido y sus preguntas
que el tiempo
ha de quemar a partes
iguales,

y ese sonido
que no termina nunca también es nuestro hogar.





Estanque





El agua del estanque mantiene mi reflejo.

Permanece inmóvil,
conserva intacto
el sueño de ser lluvia.

Yo sé que quiere hablarme,

me envía algún mensaje desde el fondo,

podría imaginar
que son como palabras que nacen en el barro
y no son más que insectos.

Si yo fuera un insecto sería esta mi casa.







Sobre “Gacela de la muerte oscura”



El amarillo cálido
de la retama
toma significados y los nombra
y donde el agua no recuerda
está su voluntad transfigurándose
como la roja piel de una manzana.

¿Y ese zumbido
que escuchas tan adentro
será premonición?

La palabra más limpia está en sus dedos
y otra vez
se empeña en ocultarte
ese temblor tornasolado,
-misericordia de la luz
bajo tus huellas-.

Pero la lluvia calma su pesar
al saberse completa en tu horizonte líquido,
formula
esa curiosa química del barro
con un silencio atónito de fosa.

Una canción de Finbar Furey






Mis dedos enlazados bajo tu camiseta;

unos versos
que siempre llevo encima
y no termino nunca:

“este sol viejo en las terrazas
ha visto labios que se cierran
con ese vago arder sin consumirse”

Sé que serás paciente,

hoy buscaré tu calle,
allí donde los mirlos son fragmentos
del camino empedrado.





Escollera de Donosti

 


El hierro pinta el mar,
lo colorea muy despacio,
y ofrece así su centro
por los canales imantados
hasta el pie de la roca.

Trabaja, como tú,
con el calor sobrecogido
de aquello que es dudoso
en cada vértice;
alucinación pura
del óxido disuelto,
su tinta roja
contra una esfera sin relieve;

una raya de lacre creciendo desde nada.





Madrugada





Fuera del mundo
el sonido se escapa hasta sus bordes.


Su desaparición
es toda su belleza.

Y en esta hora
siempre estará presente en el verdor de las palabras;

ese velo pintado
será de nuevo el tenso olor
en las conversaciones;

un delirio inaudible que regresa.




Despedidas






Rostros de sal en los andenes
abren espacios nuevos
cuando esta luz dormida
de los escaparates
es breve conjunción,
estrago.

Entonces viene a tu memoria
aquel pequeño huerto entre edificios,
tu casa y sus palabras:
“la aritmética pura es el mejor remedio
para las despedidas”.

Un viento favorable se rompe en tus fronteras.









Esponja




Ahora vivo
de aquello que aprendí bajo mil páginas
escritas en el nombre de los muertos.

Y soy como una esponja
sumisa
que absorbe, sólo absorbe.

Voy a necesitar algo de barro,
taponaré puntos de fuga.

Seré la resistencia
o su fermento nuevo.

 


Vita nostra






Este peso esencial,
doloroso
pero también abierto a la alegría
pone nombre a las cosas.

Y el tiempo que nos queda
bajo su consistencia,
un hilo
desmembrado
de otro hilo-
es como un despertar de tempestades.

Su límite me embriaga
cuando cruzo
la orilla equivocada del silencio.

 


Evocación





Si dejas que el abrigo cálido
de los recuerdos
te rompa
el corazón en dos mitades
verás
su reverberación
en todas las paredes de tu casa





Epílogo


A Giulia Lama, (Venecia, 1681-1747) que fuera libre en su pintura.

“Y a mí la espina de la duda”
Juan Pablo Zapater


Yo hice que el silencio
fuera una puerta bajo el agua artificial de esta piscina.

Lo que antes era exacto,
descenso trabajoso de mis manos lastradas,
dejó sobre los sueños
su rastro equidistante de burbujas.

Qué pruebas te darán, cuando los llames.

¿Serán tendones solidarios
ante la luz pautada que duerme en tu paleta?

No habrá sosiego fácil
y en este acomodarme bajo el agua
quizás un último calor
permita que mis ojos no se cierren.


Será un vacío, huecos en mi memoria
tensada como el músculo sometido al esfuerzo
de recordar escenas familiares,

pequeños conductores
que saltan de tus cuadros y me buscan.

Y en el estrecho margen de estas boyas
el cloro de mi frente es la tensión desnuda,

pequeñas latitudes,
monedas de cristal en cada página,
ese color salvaje, tan puro, de la hiedra
marcada en los escombros
del mundo meditado que edifico.


  

 

ISBN: 978-84-16044-57-3

Depósito Legal: V-1010-2014

Copyright: Rafael Correcher Haro  

 

 



 

 

 

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