RAÚL ZURITA

CIELO ABAJO

Son los últimos minutos del atardecer del lunes 10
de septiembre de 1973 y los desfiles comenzaron
hace menos de una hora. Por un momento las
columnas parecieron detenerse bajo el incendiado
cielo y un instante después, el estallido de las
consignas y cantos inundó las calles. Al frente,
interminable, el pedrerío reseco del Pacífico se
alarga hasta perderse en el horizonte y sé que
alguien que tal vez contuvo mis rasgos, es decir,
que contuvo un insomnio, un determinado
nerviosismo, una manera de hablar, reconoció entre
las trituradas piedras los bordes de un puerto,
Valparaíso, luego el frontis de una universidad (y
pegadas a ella las imágenes rotas de una vida: una
carrera de ingeniería, unos estudiantes haciendo
girar sus linchacos, la enloquecedora blancura de
unas rompientes cubriendo el roquerío) y, de golpe,
el sonido del viento surcando la aridez infinita de la
tierra. ¿Sucedió hace unos segundos? ¿Hace
millones de años? ¿Hace apenas un día? Alzo los
ojos. Inmóvil, el inmenso cielo rojo flota sobre la
multitud que también se ha detenido y mira con
frío, con temor, con sueño, el desahuciado atardecer.


Comentarios

Entradas populares de este blog

MIGUEL VEYRAT

DARÍO JARAMILLO AGUDELO

HAIKUS DE GREGORIO MUELAS Y HEBERTO DE SYSMO