GUILLERMO CARNERO

LECCIÓN DE MÚSICA

Anónimo, taller de Boucher

No presiones la base de la flauta:
sólo con la caricia de los dedos
llévala con dulzura hasta la boca.
Humedece los labios porque brille
la tersa plata inerme en cerco rojo.
Finge no recordar la melodía:
piérdela, duda, persíguela jugando
a la gallina ciega entre las rosas.
Mira cómo se ciñe la guirnalda
a las cuatro columnas del dosel;
las retuerce rozándolas, las hinche
el filo y la blandura de sus pétalos:
bordea en espiral octava y tono,
la indecisión del tempo imprevisible,
sincopado, lentísimo, inminente,
crátera hendida sobre columna,
anegada en la lluvia y el miedo
de ceder y volcarse.
                                    Vuélcala
en las notas vibrantes como dardos.
La mano izquierda no te quede ociosa:
tienes en el atril unas granadas
henchidas, reventando en acre y rojo;
apriétalas tres veces, luego dime
a qué te sabe el zumo de la música.

La beatitud del día se define
en excesos de luz, de Sol. de verde.
En el jardín sonríen los atlantes
al sostener la cúpula del tiempo.
Venus sonríe, y un tropel de faunos
ahuyenta al cervatillo de Dïana.







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