viernes, 3 de julio de 2015

NUNO JÚDICE

LA CASA VACÍA

Los pies desnudos en una alfombra de estopa
sobre el suelo de piedra, el cuerpo recostado
en la ventana abierta hacia el campo, de modo
que no se vea el busto hasta el inicio
de los senos, el pelo aún pegajoso
del sudor de la noche, espera a que el día
llegue. Si viese sus ojos, tal vez
supiese hacia dónde partirá:
el camino del mar o el camino de la ciudad
se abren a su frente. Pero lo más seguro
es quedarse en la casa de puertas de madera
donde el sol desgastó la pintura, y de viejas
sillas de paja, junto a la pared
amontonadas, como si nadie más
necesitase usarlas. Y comienza
a vestirse con la lentitud de quien sabe
que nadie la espera. No obstante,
sus manos se conducen con agilidad, como 
si estuviesen en contradicción
con el cuerpo; y sus hombros brillan
con la luz que despunta por entre
los árboles. La dejo quedarse en esa pose,
escondiendo el manojo de flores recogidas
en la víspera y que, después de que ella salga
de la casa que abrigó con amor, servirá
para una naturaleza muerta, o una reflexión
sobre la belleza de lo efímero.

De "El fruto de la gramática" 
Traducción de José Ángel García Caballero,  Ediciones Valparaiso



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