CLAUDE ESTEBAN

I.
De la mano del ángel tomé el libro y
lo ignoré,
y lo comí sin saber
leerlo,
y hubo primero sobre mi lengua
como un sabor a miel
y toda palabra por fin dulce, después,
cuando lo devoré
hasta la última frase, mi corazón
se llenó de amargura
y el ángel cesó
de reír,
para siempre.

II.
No tuvimos tiempo, creímos
que un minuto podía
bastar, una mano
sobre un brazo, nunca imaginamos
que todo había terminado
en alguna parte, escrito quizá
en un libro que nunca habríamos de leer,
sobre todo si hablaba
de una mujer, de un hombre, de un jardín.

Traducción: Ernesto Kavi

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