SHARON OLDS

EL OJO

Mi malvado abuelo no nos alimentaba.
Nos apagaba la luz cuando queríamos leer.
Se sentaba en el cuarto invisible solo
frente a la chimenea, y bebía. Murió
cuanto tenía yo siete años, y la yaya nunca se había
aliado con nadie en su contra,
la luz de la llama sobre su rostro frío y sanguíneo
aumentaba el reflejo en el ojo de cristal.
Hoy pensé en ese ojo de cristal,
y cómo por las noches en la cama de matrimonio
dormía de cara a su esposa, y cómo el hueco
inane, donde había estado el ojo, se abría
hacia ella en la almohada, y cómo yo soy
una fracción de él, un hombre brutal con un
agujero por ojo, y una fracción de ella,
una mujer incapaz de proteger a nadie. Soy el
sexo de ellos, también, su hijo, su cama, y
la trampilla de la bodega debajo de su
cama con cubas de manzanas nuevas, y 
en algún lugar en mí también está el sendero
que baja hasta el arroyo y brilla en la oscuridad, una
forma de salir de allí.


de "Los muertos y los vivos" Bartleby Editores 2006





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