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Mostrando entradas de enero, 2015

ALEJANDRA PIZARNIK

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El despertar

                                                      A León Ostrov

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no m…

FRANCISCA AGUIRRE

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Desmesura
A Javier Statié

Dijo que no. Y el Tiempo se quedó sin tiempo.
Luego, la vida hizo una pausa
y todo pareció recomponerse
como esos acertijos infantiles
en los que sólo falta una palabra,
una palabra necesaria y rara.
Pero dijo que no. Cerró los labios
y escuchó el gorgoteo de las sílabas
luchando por vivir a la intemperie.
Dijo que no. Y el tiempo oyó el silencio.
Luego, la vida hizo una pausa.
Y todo fue distinto: el dolor fue
más cauto, más sensato,
la lujuria lloró en su madriguera.
Y el tiempo inauguró sus máscaras:
hubo un pequeño espanto en los rincones,
temblaron los espejos agobiados
defendiendo impotentes el azogue.
Los pájaros callaron esa tarde
y la luna brilló blanca y sin manchas.
Ardió la noche como vieja tea
con la absurda avaricia de la muerte,
con su luto distante y pegajoso,
y un rencor resabiado y carcomido
descargó como lluvia en el desierto.
Entonces, sólo entonces,
oyó a su corazón ladrando
y se volvió despacio a los espejos
y los vio tiritar con mucho frío
y pedir compasión desde s…

SANTA TERESA DE ÁVILA

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Vivo sin vivir en mí...

(Versos nacidos del fuego del amor
de Dios que en sí tenía)

Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puse en él este letrero:
que muero porque no muero.
Esta divina prisión
del amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga.
Quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.
Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza.
Muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero p…

RAFA CORRECHER

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Eurídice
No sabes cuánto tiempo te quedarás,
no sabes cuánto tiempo en esta construcción de estalactitas;
sin marcas en los labios abres todas mis puertas y maldices;
apenas eres una mota en el granito de una lápida o árbol frutal de mi impaciencia
-labor oscura por un instante, Eurídice sin huellas en el mundo.



RAFA CORRECHER

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La partida


A Pedro Montealegre


Te paseas, acuático,
bajo un cristal
de reloj y deslizas
su arena
para llegar al ápice
de tantos sueños.


Nunca recordaré de ti, jamás,
una página en blanco;



tú prefieres bañarte
en el dibujo de un caballo



y en esa transparencia
-con los residuos
del último poema bajo tu superficie, 
se alimentan los peces.



RAINER MARIA RILKE

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Las elegías de Duíno 
Primera elegía

¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes 
angélicas? Y aun si de repente algún ángel 
me apretara contra su corazón, me suprimiría 
su existencia más fuerte. Pues la belleza no es nada 
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces 
de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente 
desdeña destrozarnos. Todo ángel es terrible. 
Así que me contengo, y me ahogo el clamor de la garganta 
tenebrosa. Ay, ¿quién de veras podría ayudarnos? No 
los ángeles, no los hombres, y ya saben los astutos 
animales que no nos sentimos muy seguros en casa, 
dentro del mundo interpretado. Nos queda quizás 
algún árbol en la loma, al cual mirar todos los días; 
nos queda la calle de ayer y la demorada lealtad 
de una costumbre, a la que le gustamos, y permaneció, 
y no se fue. Oh, y la noche, y la noche, cuando el viento 
lleno de espacio cósmico nos roe la cara: 
¿Para quién no permanecería aquélla, la anhelada, 
la tierna desengañadora, ahí, dolorosame…

MARÍA BENEYTO

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Cotidiana llegada
Estoy aquí.
Pasa. Un momento y termino.
Algo difícil sobre consonantes
absurdas... ¿Hace frío?
¿Hace amor, lluvia, viento?
¿Qué me traes?
¿Hemos tenido hijos
esta noche? Siéntate. ¿Puedes?
Quito libros, papeles. Como siempre
la invasión de las letras
que ya trepan, ¿las ves?,
por paredes y techos.
Tienes las manos pálidas
y en tu cara
amanece el cansancio.
Deja que también pasen
los árboles, contigo,
el bosque, el mar, las grandes cataratas.
Esa ardilla que tengo aquí,
en el hombro,
me cuchichea brisas
y los pájaros llenan
de insurrección la casa.
¿Quieres café, un zumo, coca-cola?
La silla tiene flojos
los huesos, has de perdonarla,
ya es vieja... (¿Un ave lira?
¿La flor del Paraíso
a punto ya de ser manzana?
¡Qué detalle!)
Quiero que estés contento
de mí. Escribo mucho.
Tanto como querías tú.
¿Qué ocurre?
La niebla se interpone, no te veo.
Los pájaros te ocultan
y esas ramas me vuelven
parte del bosque. Habla.
Que te oigan mis hojas.
Que mis ojos vegetales
te sepan cerca. Tengo nidos
en los brazos y el pel…

PEDRO MONTEALEGRE LATORRE

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PENITENCIA
Caigo
de cara en tu charco
Mis rezos son musgos flotantes
que miras extasiado desde el cielo
Retorno de rodillas a la urbe que me diste
Me vuelvo estaca, poste de luz, no puedo conmigo
y me das la cojera. No me mendigo a mí mismo
para encontrarte entre todos los cartones
Quizás si me invitas a cerveza
hablemos de gloria y redención
Cuando esté borracho convénceme de lo que quieras.
PISAS MI ESPALDA
Ya no
duermo en la
memoria del paraíso
tal vez de una calle
donde los niños agitan
su corazón como basura
Ya no lustro los silicios de la lluvia
Putrefactos los peces de la conciencia
no son una pared en la que rayes
garabatos y corazones anónimos
Y yo no soy un muchachito que por gloria
se subiría al auto de cualquiera.
LOS POSESOS
... A Quercipinion
No es malicia
que luzcamos placentas al salir de la misa
mientras adúlteros y extasiados
lamemos los cirios del último sacrificio
Es delicia
que desde el fondo de la lápida
en la pared más oscura de la iglesia
abramos las piernas a los demonios
y clavemos entre ellas…

RAFA CORRECHER

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Naufragios



A Charb, Cabu, Wolinski y Tignous y a todas las víctimas de la intolerancia



Pero sabed que aquí respira un hombre;
soy un rectángulo de carne
donde las hojas secas se amontonan.

Tengo frío en los pies,
corren sobre esas hojas
ocasiones perdidas,
también la tinta del bolígrafo

como un caballo azul;

es un azul destierro
que cae contra nosotros;
y pinta en los portales su inclemencia
de cruces invertidas.


El verso de los dioses
se quema en la humedad del parque,
su fuego protector nos abandona;
ha muerto hoy en esa hoguera
toda divinidad.


Naufragios tan prometedores
-la pólvora y el humo, el mito funeral de las iglesias,

con dientes afilados como agujas.


INGEBORG BACHMANN

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Cantos durante la huida


Dura legge d'Amor! ma, ben che obliqua, 
                                                                 Servar convensi; però ch'ella aggiunge                                                                   Di cielo in terra, universale, antiqua« 
Petrarca, "I Ttriunfi"


La hoja de palma se parte con la nieve, 
las escaleras se derrumban, 
la ciudad yace tiesa y brilla 
en el extraño resplandor de invierno. 

Los niños gritan y suben 
a la colina del hambre, 
comen de la blanca harina 
y rezan al cielo. 

La rica quincalla invernal, 
el oro de las mandarinas, 
vuela en las ráfagas salvajes. 
Rueda la naranja sanguina. 

II 
Yo, sin embargo, yazgo solo 
encerrado en hielo, lleno de heridas.
Todavía la nieve
no me vendó los ojos.

Los muertos, abrazados a mí,
callan en todas las lenguas.
¡Nadie me ama ni ha agitado
una lámpara para mí!

X
¡Oh amor, que rompiste y tiraste
nuestras cortezas, nuestro escudo,
el cobijo y la herrumbre marrón de años!
¡Oh penas, que pisándolo apag…

CÉSAR SIMÓN

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Quien celebra los días

Quien celebra los días
no los celebra.
Quien levanta la copa
nada ofrece.
(Abrir una ventana y desnudarse
en más que trascendente.
Amar es tenebroso;
acariciar, oscuro;
pero quien acaricia lo comprende).
Nunca he brindado por la vida; soy la vida;
por lo tanto, la vivo plenamente.

¿He buscado la vida sin hallarla?
¿Estuvo en cada instante?
¿La conocí a través de la pereza
y de la dispersión, del ocio sin placeres y del tedio?

La conocí y la fui tan plenamente
que no he necesitado celebrarla.
Por haberla perdido y malogrado,
por eso fui la vida sin saberlo.
Quien no contempla el mar no lo comprende.


* * *
Se me fueron los días sin saberlo. Quien ama el mundo calla, porque teme; quien no lo ama tanto ama a su amor y ensalza su delirio. Se me fueron los días sin saberlo, se me pasó la suerte, amé y callé, y en el silencio vivo el amor que no dije, dulce carne tras la quietud silente de los muros.
En la mueca lejana que a la sombra dibuja nuestro ceño, la conexión oculta transparenta las aguas del r…

ANTONIO CISNEROS

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Taberna

En las tinieblas los cuerpos envejecen
sin que nadie repare en el escándalo.

Un rostro amable y terso se confunde
con los belfos que van hacia la muerte.

Por eso somos hijos de la noche
a la puerta del templo. Un lamparín

es también el anuncio de reposo
para los cazadores extenuados.

Una taberna, por ejemplo, es en la noche
el frontispicio de las maravillas.

O al menos una luz en las colinas
donde rondan los perros salvajes.

Nadie teme a la muerte adormecido
en su mesa de palo y sin embargo

entre los altos vasos apacibles
se enfría el corazón con la insolencia

(y el encanto tal vez) de un tigre adulto
en la plaza del pueblo a pleno día.

Ninguna confidencia en verdad nos degüella.
Ni la risa recuerda a un jabalí

de pelambre dorada y fino precio.
El páncreas es un campo de ciruelas.
Los diablos apagan la linterna.
Aguardan (como suelen) donde cesa la luz.
De "Propios como ajenos" Antología personal Editorial Inca, Lima, Perú 1989

SAN JUAN DE LA CRUZ

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Coplas del alma que pena por ver a Dios

Vivo sin vivir en mí
y de tal manera espero
que muero porque no muero. 

I
En mí yo no vivo ya
y sin Dios vivir no puedo
pues sin él y sin mí quedo
éste vivir ¿qué será?
Mil muertes se me hará
pues mi misma vida espero
muriendo porque no muero. 

II
Esta vida que yo vivo
es privación de vivir
y así es continuo morir
hasta que viva contigo.
Oye, mi Dios, lo que digo:
que esta vida no la quiero
que muero porque no muero. 

III
Estando ausente de ti
¿qué vida puedo tener
sino muerte padecer
la mayor que nunca vi?
Lástima tengo de mí
pues de suerte persevero
que muero porque no muero. 
IV
El pez que del agua sale
aun de alivio no carece
que en la muerte que padece
al fin la muerte le vale.
¿Qué muerte habrá que se iguale
a mi vivir lastimero
pues si más vivo más muero? 
V
Cuando me pienso aliviar
de verte en el Sacramento
háceme más sentimiento
el no te poder gozar
todo es para más penar
por no verte como quiero
y muero porque no muero. 

VI
Y si me gozo, Señor,
con esperanza de verte
en ver que pue…