martes, 30 de junio de 2015

ELENA ESCRIBANO ALEMÁN

LA PLANTA JOVEN DE EL CORTE INGLÉS
Cuando amas se caen una a una
todas las paredes de tu casa.
Durante años has levantado tus defensas,
confías en que sabes dónde estás, 
quién eres, cuál es tu papel 
en el confuso juego de la vida.
Y aparece el amor con sus banderas
y se desmoronan los muros
en que te sustentabas.
No te das cuenta, 
y mientras navegas entre la dicha
y la locura
el amor desbarata tus cimientos.
Así descubres un buen día
-es un ejemplo-.
que no tienes nada en el armario que ponerte
para salir con él, 
todo te parece anticuado
y desde luego es ropa
que te hace demasiado mayor.
Y al momento ya estás mirando escaparates
y no ves nada que te guste
Insistes, algo habrá
que asegure que al verte
él sentirá el deslumbramiento
que te conmueve
cuando se te aproxima por la calle.
Entonces te das cuenta horrorizada.
que -a tus años- estás buscando 
algo bonito que ponerte
en la planta joven de El Corte Inglés.
No es posible. Sonríes
y te marchas.
Y regresas a casa, abres
otra vez el armario 
y compruebas que allí estás tú y decides
que el amor, si merece tus abrazos
deberá aceptarte como eres.






viernes, 26 de junio de 2015

ANNA AJMÁTOVA

EPÍLOGO

I


He aprendido cómo se hunde los rostros,
cómo bajo los párpados late el miedo
cómo surca el sufrimiento las mejillas
con trazo rígido de signos cuneiformes;
cómo los negros rizos y los rizos de oro
de repente se vuelven pálida plata,
cómo huye del labio dulce la sonrisa
y en la risita seca halla eco de terror.
Si ruego, no sólo es por mí: ruego
por todas nosotras, hermanas -en la desdicha- mías,
en el frío feroz y en el ardor de julio,
al pie de los muros rojos que permanecieron sordos.






viernes, 19 de junio de 2015

JOSE ANTONIO MATEO ALBELDO

IV


el amor era la curva de los sueños

MAR BUSQUETS MATAIX




Desnúdate.

Muéstrame tu cuerpo de lluvia,
la espuma desolada de tu mar.

Escucha el llanto celoso del viento.

Tengo manos de sal para tu alma.





jueves, 18 de junio de 2015

LUIS TAMARIT



[550]


I.   La música discurre por mi cuerpo como el agua impetuosa por el país de la lluvia

II.  Como el tacto del ciego por las quemaduras del tiempo


III. Como el hambre del yeso por la humedad sin medida


[551]


IV. Volvieron embriagadas luciérnagas enmarañados anhelos subterráneas linternas

V. Vinieron látigos desvelados vinieron para irse de nuevo

VI. Manantial tras manantial promesa a promesa



lunes, 15 de junio de 2015

RAFA CORRECHER

Ella


“cuando ella entró de improviso”

Robert Graves


Amanece y un relámpago mudo divide tu percepción
en dos umbrales

uno que nace desde la playa hasta tus ojos
y otro que llega
como un simple reflejo de las olas,

y de su punto más profundo,
una zona de sombra:
la frágil empatía
-sin apenas mover los labios,
en la contemplación de este paisaje
que no concuerda
con los relieves conocidos,

pequeñas perlas
-que no te atreves a tocar con los dedos,
en el aire alto de las dunas:

cuando ella entró de improviso.






sábado, 13 de junio de 2015

MAHMUD DARWIX

SOBRE ESTA TIERRA

Sobre esta tierra hay por qué vivir: los titubeos de abril,
el olor del pan al amanecer, el amuleto que una mujer le da
a un hombre, las obras de Esquilo, los comienzos del amor,
la hierba sobre una piedra, madres en vilo por el hilo de una
flauta, y el miedo de los invasores a los recuerdos.

Sobre está tierra hay por qué vivir: los últimos días de
septiembre, una mujer que sale de los cuarenta como
melocotón maduro, la hora del sol en la cárcel, nubes que
semejan un tropel de criaturas, los vítores de un pueblo a
quienes encaran risueños la muerte, y el miedo de los tiranos
a las canciones.

Sobre esta tierra hay por qué vivir: sobre esta tierra señora 
de la tierra, madre de los inicios y madre de los finales. Se
llamaba Palestina. Se sigue llamando Palestina. Mi señora:
yo tengo, porque tú eres mi señora, tengo por qué vivir.



viernes, 12 de junio de 2015

GUILLERMO CARNERO

LECCIÓN DE MÚSICA

Anónimo, taller de Boucher

No presiones la base de la flauta:
sólo con la caricia de los dedos
llévala con dulzura hasta la boca.
Humedece los labios porque brille
la tersa plata inerme en cerco rojo.
Finge no recordar la melodía:
piérdela, duda, persíguela jugando
a la gallina ciega entre las rosas.
Mira cómo se ciñe la guirnalda
a las cuatro columnas del dosel;
las retuerce rozándolas, las hinche
el filo y la blandura de sus pétalos:
bordea en espiral octava y tono,
la indecisión del tempo imprevisible,
sincopado, lentísimo, inminente,
crátera hendida sobre columna,
anegada en la lluvia y el miedo
de ceder y volcarse.
                                    Vuélcala
en las notas vibrantes como dardos.
La mano izquierda no te quede ociosa:
tienes en el atril unas granadas
henchidas, reventando en acre y rojo;
apriétalas tres veces, luego dime
a qué te sabe el zumo de la música.

La beatitud del día se define
en excesos de luz, de Sol. de verde.
En el jardín sonríen los atlantes
al sostener la cúpula del tiempo.
Venus sonríe, y un tropel de faunos
ahuyenta al cervatillo de Dïana.







martes, 9 de junio de 2015

MAR BUSQUETS MATAIX

Están tristes porque saben demasiado

Están tristes por eso, porque saben demasiado
Henrik Norbrandt

Están tristes porque saben demasiado,
aunque no todo;

es una manera de tristeza racional,
digamos que afectada,
en la que cada quien se lamenta
con un lenguaje heredado
de lo difícil que es
vivir pegados a la desesperanza
de esa idea  artificiosa
que nos mantiene cautivos,
pero no cautivados.

Por eso, porque saben demasiado,
ahora creen
vivir la vida
con mayor plenitud;
no es porque sepan
que se van a morir,
no es porque sepan
que un solo Dios les esperará
al otro lado del río,
sino porque a pesar del esfuerzo
de saber demasiado,
nunca será lo suficiente
como para esconder
las llaves
a Dios o a San Pedro.





viernes, 5 de junio de 2015

RAFA CORRECHER

A la deriva


En la pantalla gris de un mar de fondo
hay un temblor que evito:

Abdul, Hamid, Zubaida;
mientras cuento los versos del poema
sois cada vez más frágiles:

pocas coordenadas, los ejes cartesianos,

mapa de vergüenza
donde el hombre es la mancha
de aceite más ignota
-hasta soñé que de ella aparecía
un hermoso par de alas,
para sobrevolar el Índico
o Lampedusa.

El Primer Mundo prende aceite amargo
bajo sus catedrales,
la impotencia y la sal
se os comen las encías.

No hay nada más ahora
salvo el zumbido sordo
que me borra las manos 
con todos vuestros nombres.