jueves, 10 de noviembre de 2016

CARILDA OLIVER LABRA


Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.




FRAN GARCÍA

Hay
una sombra invisible
que no concede
límite en su avance hacia el diafragma.
Niebla ciega paso mudo y gris sangre
gris
agua
cielo
y un latido de ceniza condena
la luz que filtraba el rocío.

Abril es un mes que ya no concibes:
tan solo amas
la esperanza de amar
si la inercia te expulsa
del agujero negro.


miércoles, 9 de noviembre de 2016

DARÍO JARAMILLO AGUDELO

Historias

Se hablan bajo el agua,
desnudos flotan y se hablan
y se dicen palabras como "risa"
y la luz brilla como un tafetán líquido
sobre sus hermosos cuerpos;
paralelos, blanca y moreno, contra la corriente,
plata y bronce bajo el fluido sol,
como dos lianas de carne mis dos bellos amigos
sumergidos se dicen un idioma que vibra en los oídos,
una música de vocales desleídas,
se dicen palabras con ternura sabia;
desde el puente
bajo un árbol que deja pasar hilos de sol
yo los miro gozoso
y los veo sacar la cabeza del agua
con el aire y con la dicha contenidos
y los oigo gritar "esto es la vida"
y sus esbeltos cuerpos jóvenes son la vida,
ella y él, mis desnudos hermosos amigos,
la vida son ellos,
ellos que me regalan su entusiasmo.






martes, 8 de noviembre de 2016

IDEA VILARIÑO

Carta II

Estás lejos y al sur
allí no son las cuatro.

Recostado en tu silla
apoyado en la mesa del café
de tu cuarto
tirado en una cama
la tuya o la de alguien
que quisiera borrar
-estoy pensando en ti no en quienes buscan
a tu lado lo mismo que yo quiero-.
Estoy pensando en ti ya hace una hora
tal vez media
no sé.

Cuando la luz se acabe
sabré que son las nueve
estiraré la colcha
me pondré el traje negro
y me pasaré el peine.

Iré a cenar
es claro.

Pero en algún momento
me volveré a este cuarto
me tiraré en la cama
y entonces tu recuerdo
qué digo
mi deseo de verte
que me mires
tu presencia de hombre que me falta en la vida
se pondrán
como ahora te pones en la tarde
que ya es la noche
a ser
la sola única cosa
que me importa en el mundo.




lunes, 24 de octubre de 2016

MIGUEL VEYRAT

OCASIÓN ÚNICA


Ser la claridad y la libertad del día. No un absoluto cerrado
sobre sí mismo. Poesía que no quisiera ser sino poesía
que hiciese real aquello que intangible. Como el deber de preservar al hombre tal como fuera fundido. Oportunidad única para lo verdadero. Sin metafísica alguna. Sólo belleza, aunque la oculte el vocabulario religioso y la incurable afición del poeta por los dioses. El poema detiene la podredumbre del tiempo como un ahora fluido que en la obra permanece al margen de la Naturaleza. Todo lo escrito a partir de tal instante será máscara o fraude.



Poema de Miguel Veyrat, de su libro  "El hacha de Plata" Ediciones de la Isla de Siltolá, Sevilla, 2016

viernes, 21 de octubre de 2016

RAFA CORRECHER

APUNTES DE VIAJE


Copenhague, 28 de agosto de 2016
I.

Los nadadores,
la pulcritud de un movimiento
sobre el plano del agua,

espacios limpios
separan las palabras
y no hay obstáculos.

Todo sucede mientras una luz diferente
tamiza,
entre la simetría de los bloques
de hormigón,
imágenes y apuntes:

un buey de piedra,
troncos pintados sobre el cesped,
papeles de viaje y fotografías.

Son el disparo más profundo
a todos mis lugares disponibles.
  
II.

En el hotel
la luz pierde su fuerza
entre botones rojos
y alfileres.

Hoy huele a mermelada y a café.

Soy extraño,


lejos de mí. 

domingo, 9 de octubre de 2016

LEOPOLDO DE LUIS

El espejo

Con los ojos vendados nos miramos
cada día delante de un espejo
para ser sólo imágenes
nuestras que no veremos.

Desfilamos, retratos fidelísimos,
copias exactas, calcos o reflejos,
resbalamos por aguas espejeantes
como narcisos ciegos.

Debo de ser la sombra, los perfiles,
la refracción de ese cristal o hielo;
debe de ser el doble repetido,
el náufrago en el fondo de ese sueño.

Qué culto extraño ante el cristal, la luna,
de extraterrestre, de astronauta muerto
girando sin sentido
en la órbita cerrada por el pecho.
Qué culto extraño para
sentirnos sólo luminoso eco
de nuestra propia realidad corpórea,
mitología del agonizamiento
liturgia de pantallas sucesivas,
idolatrización de reverbero.

Sólo somos figuras proyectadas
sobre un cristal, pero jamás nos vemos.





ÁNGEL GONZÁLEZ

A veces
Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.

ANA ROSSETTI

Custodio mío

Salamandra es deseo
bebiendo en los topacios de un estanque,
en cielos de Giotto,
en las bóvedas húmedas de translúcida yedra.
Morera y vid se agotan en tu mano.
Es deseo caballo enloquecido
de temor bajo un raudal de agua,
cascada donde estalla el arcoiris,
desbaratada trenza entre piedras  cayendo.
Brazo tuyo defensa en mi cintura.
Y como la belleza -desmesura, naufragio
o voluble liana que se empina hasta el cedro
sofocándolo- el deseo penetra y es herida.
Cuerpo tuyo, cercado que mi pasión desborda,
todo escudo en dócil miel fundido
y es inútil tu intento: a un labio enamorado
ni el laurel más mortífero detendría.
Ya no podrás lograr que permanezca intacta,
angélica tesela en su alto dominio,
que mi emoción recorte cual ciprés
en un parque atildado,
que contemple el abismo desde los barandales
y al vértigo resista.
Crueldad subyugadora es el deseo.
Y me entrego a su lanza, y no quiero rehuir
su mordedura.
Apártate de mí, no quiero que me guardes,
que en mi cuerpo refrenes lágrimas ni jardines,
y antes de que las quejas aviven mi desprecio,
los avisos mi cólera, caiga sobre tus labios
-incendio alertador, granada suplicante-
la delicada muerte de mi olvido.




viernes, 16 de septiembre de 2016

RAFA CORRECHER

ULISES RECUERDA UNA MIRADA DE PENÉLOPE

La brasa me calienta
las manos como tú solías hacerlo.

La luz de estas palmeras
cubre a mis hombres, los transforma
en fantasmas de sal.

Qué largas son las noches,

hay puentes que las unen,
que nos unen a ellas.

Piso restos salobres, silencios como arañas,
salitre,
derrota
y el hambre que me llega
como el vino caliente de los cuerpos,

y tienes en la boca
esa palabra que me duele
tanto como los cabos que se aferran
a las traviesas.

El juramento y las miradas
tejen caballos blancos
y en la casa de al lado
ese bendito fuego
da calor todavía,
guarda
y condena.

Penélope naciente:
un mar sobre las rocas
y tu apetito un nuevo territorio
donde las piedras simples vuelcan
su espuma en la genista.

Madre y amante entre pinares,
la gana de tenerte sobrevive
y en el origen
mi escritura dispersa
recoge el humo de los signos,


tu mirada. 


lunes, 22 de agosto de 2016

HAIKUS DE GREGORIO MUELAS Y HEBERTO DE SYSMO

Cruza el paisaje 
la sombra de una nube,
se escucha el viento.

*
un rayo parte
a un árbol milenario,
la lluvia sigue.

*
sobre el azul 
se esfuma su blancura,
luna de día.

*
amanece,
la hiedra se enrosca
en el árbol quemado.

*
en el silencio del bosque
solo se escucha
el rumor de un enjambre.

*
fin de noviembre,
llueve sobre las hojas
secas de ayer.

*
por el camino
sombreado de sauces
no vuelve nadie.

de "La Soledad encendida" Ed. Ultramarina, 2015.



jueves, 11 de agosto de 2016

SEAMUS HEANEY

Casa de verano

I
¿Era el viento de los vertederos
o algo en el calor

que nos seguía los pasos, con el verano agriándose,
y un nido pestilente incubando en algún lugar?

¿De quién era la culpa?, me preguntaba, inquisidor
del aire poseído.

Para de pronto descubrir,
al levantar la estera

que había larvas, moviéndose-
e hirviendo, hirviendo, hirviendo.

II
Mientras arreglo la puerta, con mis brazos
repletos de cereza silvestre y rododendro,
a través de la entrada escucho su perdido
gimotear, que, carraspeando, tintinea
mi nombre, una y otra vez.

Oh amor, he aquí la culpa.

Las flores sueltas entre nosotros
se reúnen, componen
una especie de altar del mes de mayo.

Estos capullos francos y caídos
se tiñen pronto del color de un dulce bálsamo.

Asiste. Unge la herida.

III
Oh atendimos nuestras heridas con corrección
bajo la dulzura hogareña

y yacemos como si la superficie fría de una hoja
nos hubiese dejado sin aliento.

Postulo más y más
curas gruesas, como ahora

cuando te doblas en la ducha
el agua vive cayendo por la pila bautismal de tus pechos.

IV
Con un definitivo
impulso nada musical
largos granos empiezan
a abrirse y se separan

hacia adelante
y de nuevo agotamos
el blanco, pateado
camino al corazón.

V
Mis hijos lloran la calurosa noche extranjera.
Caminamos por el suelo, mi boca podrida se desahoga
contigo y yacemos rígidos hasta que el alba
acude a la almohada, y al maíz, y la viña

que sostiene su plena carga hacia la luz.
Las rocas de ayer cantaban cuando las golpeábamos
estalactitas en las viejas cuevas, goteando oscuridad -
nuestras llamadas de amor pequeñas como un diapasón.



De "Invernando" 1972
Traducción de Vicente Forés y Jenaro Talens


miércoles, 10 de agosto de 2016

NAZIM HIKMET

El quinto día de una huelga de hambre

Si no consigo expresar bien, hermanos,
Lo que quiero decirles,
Tendrán que disculparme:
Siento algunos mareos,
me da vueltas un poco la cabeza.
No es el alcohol.
Apenas, es un poquito de hambre.

Hermanos,
Los de Europa, los de Asia, los de América:
Yo no estoy en prisión ni en huelga de hambre.
Me he tendido en el césped, esta noche de mayo,
Y los ojos de ustedes me miran de muy cerca,
lucientes como estrellas,
En tanto que sus manos
son una sola mano estrechando la mía,
como la de mi madre,
como la de mi amada,
como la de mi vida.

Hermanos míos:
Por otra parte, ustedes nunca me abandonaron,
Ni a mí, ni a mi país,
ni tampoco a mi pueblo.
Del mismo modo que los quiero a ustedes,
ustedes quieren a los míos, lo sé.
Gracias, hermanos, gracias.

Hermanos míos:
Yo no tengo la intención de morir.
Si soy asesinado,
Sé que entre ustedes seguiré viviendo:
Yo estaré en los poemas de Aragón
(en su verso que canta la dicha del futuro),
Yo estaré en la paloma de la paz, de Picasso,
Yo estaré en las canciones de Paul Robeson
Y, sobre todo
y lo que es más hermoso:
Yo estaré en la triunfante risa del camarada,
Entre los cargadores portuarios de Marsella.
Para decirles la verdad, hermanos,
Yo soy feliz, feliz a rienda suelta.



lunes, 8 de agosto de 2016

Reseña sobre "El Nadador nocturno" gentileza de Mar Busquets Mataix

Escuché un día que los tracios pensaban que los poetas tenían al capacidad de invocar los sueños pero una cosa es que te lo digan, escucharlo, y otra cosa muy distinta sentirlo…verlo, que te lo demuestren, porque tras la lectura de “El nadador nocturno”, poemario de Rafael Correcher (Editorial Germanía 2014) llegamos a la convicción de que los poetas tienen la capacidad de invocar la vida de los sueños.
Hay rosas en los muros/pero el viento en la noche/se llevará tus sueños, mi poder de invocarlos.
La mirada del poeta parte de la observación de nuestro mundo…un nadador nocturno, solitario, que se presta a la curiosa tarea de la observación, comprensión, con la sorpresa y extrañeza que produce la contemplación de éste, pero que, sin embargo, también es capaz de sugerir uno nuevo, imaginado, diferente, plagado de imágenes  inéditas que sugieren una multitud de combinaciones de química y estupor, en palabras de Emil Cioran.
Porque partiendo de una mirada pretendidamente objetiva e inocente a nuestro mundo, se subvierte el orden de éste, dando paso a un lenguaje y una realidad onírica sugerida en las imágenes contenidas en este poemario.
¿Podemos pensar que el poeta se distancia de esta manera de la realidad?, muy al contrario, el poeta es capaz de imaginar o sugerir otra emanada de la nuestra, no menos real por imaginada, en la que somos libres para pensar, para llegar al fondo de las cosas para llenar nuestra mirada de todos las verdades que nos son negados día a día…porque es precisamente eso lo que se le pide a la literatura, que sea capaz de desvelar o de crear, no de mimetizar, de transformar la palabra, y quién sabe si el mundo o la vida a través de ella.
No nos equivoquemos, no quiero decir con esto que esta sea un poesía que apuesta por la evasión, el viejo mito del artista encerrado en su torre de marfil, porque nadie es más consciente de la perfectividad del mundo y del hombre que el poeta cuestionándose a sí mismo.
No faltan además poemas explícitamente críticos con una sociedad en ruinas y tan mezquina como la nuestra como el poema titulado Insomnio, aunque hay una crítica más sibilina, más aguda y mordaz que surge de la raíz y es  la que se desprende de cualquier poema que nos sugiere la búsqueda de lo inalcanzable, las respuestas a nuestras preguntas, porque cada poema es una reflexión, una introspección que implica una toma de postura respecto al mundo y, muchas veces, una toma de postura crítica respecto al lugar que creemos nos corresponde en él.
Reflexión que emana de la contemplación de la realidad y su desciframiento para llevar a cabo una crítica al logos porque éste no nos sirve ya que no es capaz de responder a las inquietudes de un ser humano en continua transformación en un mundo en continua transformación.
“Para sobrevivir es necesario pensar todo de nuevo”
El sujeto poético nos ofrece este punto de vista privilegiado desde el que podemos leer o nombrar la realidad de una manera diferente. Punto de vista crítico y subversivo, sin duda.
                                                       Mar Busquets Mataix



lunes, 1 de agosto de 2016

VICENTE GAOS

No, corazón, no te hundas.
Y vosotros, ojos, no queráis cerraros en llanto.
La vida es mucho más larga, mucho más grande de lo que ahora
     supones, mucho más magnánima.
¿Te atreverás a decirle que te debe algo?
Eres tú quien se lo debes todo.
Y aún tendrás que deberle muchas cosas hasta que mueras,
y la muerte misma es un deber que tienes hacia la vida.
Agradece al tiempo que, mucho más sabio que tú, no apresure tus
     horas de dolor ni se demore en tus momentos de dicha,
sino que te los mida con la misma igualdad, con la misma ecuanimidad
     generosa.
Agradece al sol que siga saliendo puntualmente, ajeno por completo a
     ponerse
al compás febril de tu pulso.
Te quejas. Dices que sufres.
Dices que no puedes más.
Aún volverás a sufrir, y a amar, y a sufrir de nuevo,
y a gozar otra vez y otra y otra.
Sólo morirás una vez, eso es lo único que no podrá repetirse,
pero la vida es una continua repetición.
Te ha de dar todavía muchas ocasiones de equivocarte,
y tú has de llegar aún a acertar con el buen momento,
que el mundo te ha de volver a brindar como te lo ha brindado
     ya tantas veces.
¿Dices que estás solo?
No es mirándote al espejo como encontrarás compañía.
Coge el primer objeto que esté a tu alcance,
un vaso, una flor o simplemente el periódico.
Acarícialos, acarícialos.
Levanta la vista, tiéndela alrededor tuyo.
Sí, es verdad que no puedes ver los ojos que tú amas tanto.
Por hermosos que sean no podrán compararse nunca con las estrellas
(a pesar de los poetas románticos).
Habla, habla, pero no contigo.
Déjate de soliloquios y silogismos y sentimentales monólogos.
Habla con el cartero, con el conductor del tranvía
     (aunque esté prohibido);
habla con el niño que está jugando en la acera,
vete a beber unas copas con el primer borracho de la esquina.
¿Creías que el mundo termina donde tú acabas?
Tú eres ya no fin, pero ni siquiera comienzo de ninguna cosa.
No eres comienzo ni de ti mismo.
¿Recuerdas a tu madre?
No la compadezcas: ya murió, ya vivió, ya sufrió y gozó todo aquello
     que le tocó en suerte.
Tú tienes todavía la de vivir, la de seguir vivo.
No tengas ninguna prisa en morirte.
No te esfuerces en buscar lo único que posees seguro.


JOSÉ EMILIO PACHECO

El reposo del fuego
                                      (Don de Heraclito)

Pero el agua recorre los cristales
musgosarnente:
ignora que se altera,
lejos del sueño, todo lo existente.

Y el reposo del fuego es tomar forma
con su pleno poder de transformarse,
fuego del aire y soledad del fuego,
al incendiar el aire que es de fuego.
Fuego es el mundo que se extingue y prende
para durar (fue siempre) eternamente.

Las cosas hoy dispersas se reúnen
y las que están más próximas se alejan:

Soy y no soy aquel que te ha esperado
en el parque desierto una mañana
junto al río irrepetible en donde entraba
(y no lo hará jamás, nunca dos veces)
la luz de octubre rota en la espesura.

Y fue el olor del mar: una paloma,
como un arco de sal,
ardió en el aire.

No estabas, no estarás
pero el oleaje
de una espuma remota confluía
sobre mis actos y entre mis palabras
(únicas nunca ajenas, nunca mías):
El mar que es agua pura ante los peces
jamás ha de saciar la sed humana.




martes, 5 de julio de 2016

JORGE TEILLIER

El pasajero del Hotel Usher
Las escaleras se disuelven
como el humo de las tazas de té.
El pasajero sueña con Annabel,
en las oscuras riberas
de ríos donde nunca estuvo.
El llamado del teléfono
es el perforante guijarro
de las garzas en la laguna
el oleaje de los autos
acuna sus pesadillas.

El cuarto está lleno de gaviotas
que en vano intentan revivir sobre un césped,
que en vano se estrellan contra vidrios empañados.
Sus alas serán cortadas,
sometidas a la misma condena
a la que se somete el pasajero.

Los pantanos de la memoria
absorben al Hotel,
absorben al pasajero
que no se levanta del lecho,
no recorre las galerías
donde las arañas tejen sus mensajes,
no mira las mesas del comedor
donde dialogan, para no morir de tedio,
las alcuzas con el mantel de hule.
No contempla las desteñidas reproducciones de Doré en los muros.
No ve el polvillo de las demoliciones en los primeros rayos matutinos.
Ya se fue Ariadna de la ciudad
y el laberinto de los pasadizos
sólo lleva a invencibles Minotauros.

El pasajero despierta
con el zumbido de las aspiradoras.
Ve caer del techo
la perezosa nevazón de la pintura,
viaja solo
a orillas de un río donde nunca el viento moverá una nube,
sabe que jamás responderá al teléfono.

En los pantanos de la memoria
ya empiezan a acecharlo
las sombras de quienes alguna vez lo amaron
y el oleaje de los autos pasando frente a las demoliciones.
anuncia indiferente
la caída del pasajero y del Hotel Usher.


viernes, 24 de junio de 2016

CÉSAR VALLEJO

Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o lo heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre!  Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!




martes, 21 de junio de 2016

CARLOTA CAULFIELD

La mano en el aire 

Se extiende la escritura desatada
ante los espejos del cuerpo.

Las imágenes son pródigas
y el chispazo delicado del gozo
se cierran sobre la cintura
mientras se declara disidente.

Con fragmentos se construye el ánfora.
El descenso de la rueda termina.
La luz se hace forja
en su reflejo anónimo.

Cuando llegue el día
en que esté terminada
la forma entrará como aire
y un abrazador torrente
será murmullo.

De Giuseppe Arcimboldo
se ha dicho
que inventaba rompecabezas.

De "Polvo de Ángel"



jueves, 16 de junio de 2016

ABEL DÁVILA SABINA

Ha sido un accidente

He indultado el dolor
y vivo en un verso que absorbe
tu existencia.

Ha sido un accidente
estar unos años con vosotros,
hacer el amor, no engendrar,
caer de manera exacta,
mantener a salvo la idea.

Reconocerme.

Si me salvo, que será imposible,
que se tengan en cuenta mis hijos no nacidos,
mis intentos poéticos, mis amores frustrados,
mis viajes incompletos,
que he tenido que amar y vivir,
algunas veces sin fuerzas, 
/soy  hombre/
Vive en mí aún el deseo de volar,
el hambre  bárbara  que transige.

He subsistido desde el primer día,
ese siete de agosto de mil novecientos setenta y tres
cuando tuve  mi primer  accidente, vi la luz,
y, con una palmada al culo,
lloré.



[Les partides de naixement són molt cares]


martes, 14 de junio de 2016

JULIA PRILUTZKY

Alguna vez, de pronto, me despierto: 
Un dolor me recorre tenazmente,
un dolor que está siempre, agazapado,
por saltar, desde adentro.
Entonces tengo miedo.
Entonces, me doy cuenta que estoy sola
frente a mí, frente a Dios, frente a un espejo
lleno de mis imágenes,
de rostros polvorientos.

Estoy sola, pero siempre estoy sola:
Es lo único cierto.
El amor era un huésped,
la soledad es siempre el compañero
que permanece al lado, inconmovible.
Lo único seguro, verdadero.
Oigo mi corazón, vieja campana
que dobla y que golpea,
que rebota en las sienes y en la nuca
y en la boca y los dedos.
Es cierto, tengo miedo.
Miedo de no poder gritar, de pronto,
de que ya sea demasiado tarde
para un ruego.
La costumbre ahoga las palabras
y alarga el desencuentro.
Ah, tantas cosas quedarán ocultas,
perdidas, sin recuerdo,
tantas palabras que no fueron dichas,
tantos gestos.

Unos dirán: Yo sé, la he conocido,
fue una ardiente rebelde,
se desolló las manos y la vida
por defender los que creyó más débiles.
Otros dirán: Yo sé, la he conocido,
era dura, malévola,
avara de ternura, con la boca
mostraba su desprecio.
Alguien dirá: Y cómo sonreía...
Qué importa
lo que vendrá después del gran silencio.
Claro que tengo miedo.
Así, en la madrugada
mientras algún dolor -un dolor, siempre-
va hincando sus agujas en mi cuerpo,
abro las manos en la sombra dulce
para atrapar mi soledad, de nuevo,
y me quedo a su lado, sin moverme,
con los ojos abiertos
la vida detenida.
Toda mi sangre es un temor inmenso.


  Fotografía: Munem Wasif

lunes, 13 de junio de 2016

JAIME SILES

Interiores

I
En el tacto interior de esas gaviotas
hay un eco de sombras que conduce
a una intemperie toda de cristal.

Lo que el aire levanta es su presencia
que, en un compás de luces, se diluye
hacia una abierta y sola identidad.

¡Qué profundo interior éste del aire,
cuyas formas modulan su no ser!

II
¿Qué puede al hombre cautivar, sino la música
que en la quietud la arena en sí eterniza
y las olas tan sólo que a lo lejos
una a una, en su olvido, repite sin cesar?

Como su cuerpo son, también, de sombra
y entre su voz la sal es lo que dura
y ese rumor del eco en transparencia
de quien no sabe de otra eternidad.

¿Puede la música ser algo más que sombras
hechas a medida de una idea,
talladas en cristal por el que olvida
que hace surgir un dios de entre sus notas?

¿O lo que aquí llamamos música pudiera
muy bien llamarse el ala de una duda
y el paraíso firme que sostienen
interiores columnas de temblor?

De "Alegoría" 1977




martes, 7 de junio de 2016

ROBINSON JEFFERS

Halcón herido

I

El pilar astillado del ala es una muesca en el hombro maltrecho,
el ala cuelga como un pendón caído
y ya no puede usar el cielo eternamente, sólo vivir con hambre
y dolor unos días. Ni gatos ni coyotes
abreviarán el tiempo de espera de la muerte, su captura sin garras.
Apostado en mitad del encinar, espera
al animal tullido que lo salve; o vuela de noche en un sueño
recordando la libertad; despertar es su ruina.
Es fuerte y el suplicio es peor para los fuertes, la impotencia es peor.
Los sabuesos del día llegan y lo atormentan
desde lejos, nadie sino la muerte redentora humillará ese cráneo,
la intrépida destreza, las terribles pupilas.
El Dios salvaje del mundo es compasivo a veces con aquellos
que piden compasión, no con los arrogantes.
Vosotros no le conoceréis, gentes de la comunidad, o le habéis olvidado;
inclemente y brutal, el halcón le recuerda;
bello y salvaje, los halcones y moribundos le recuerdan.

II

Antes mataría a un hombre que a un halcón, salvo por el castigo;
                                                                                  pero al gran ratonero
no le queda sino el dolor inhábil
de su hueso quebrado, irreparable, el ala que al moverse
                                                                              se mecía bajo sus garras.
Lo cebamos durante seis semanas, le di la libertad,
vagó por la región del promontorio y a la noche volvió suplicando morir,
no como un pordiosero, sino con la soberbia despiadada
de sus viejas pupilas. El regalo de plomo llego al atardecer.
                                                                                            Cayó tranquilo,
mullido con un búho, con suaves plumas femeninas; más lo que
ascendió planeando: esa feroz urgencia: los martinetes
                       junto al río desbocado gritaron de temor mientras se levantaba
hasta desenfundarse casi del todo de la realidad.

Traducción: Jordi Doce.


lunes, 30 de mayo de 2016

LARS HULDÉN

El hombre descendió una vez de los árboles.
Con ello perdió la seguridad que dan los árboles.
No hay seguridad que se sienta como la seguridad de los árboles                       ¿Cuál es la meta de nuestra nostalgia? Quizá sean los árboles.
El idioma le ofrece al poeta una vida en los árboles.
En el idioma vive como antes se vivía en los árboles.
El idioma es frondoso, flexible, grande como los árboles.
El poeta se cuelga del idioma como de los árboles.
En el idioma se siente seguro como en el hogar de los árboles.
Delicioso es vivir y ser uno con los árboles,
alto y derecho y fuerte y dulce y rico como los árboles.
La canción más antigua del mundo es el susurro del viento en los árboles.
No invites nunca a un poeta a bajar de los árboles
¿Qué es él cuando mora en el suelo bajo los árboles?
Es un gusano, como todos los que vivimos bajos los árboles.
No hay seguridad que se sienta como la seguridad de los árboles.

Lars Huldén, Lecturas para caminantes, Bassarai Ediciones, Traducción de Francisco J.Uriz

                                                                                                 

viernes, 27 de mayo de 2016

YOLANDA BEDREGAL

Nacimiento

Ultimo día del invierno y primero de la primavera.
Ultimo día de la tibia tiniebla de la entraña
para entrar en la fría luz del mundo.

Yo estaría madura de la sombra, de la nada,
del amor: madura de la carne en que crecía.
Y asomo mi cabeza con un grito:
flor de sangrante herida
cúspide lúcida del dolor mas hondo
jubiloso momento de tragedia!

Mi madre habrá tenido sus ojos, lacrimosa,
a la semilla de las cruces.

Nadie pensaba entonces qué relojes
de cuarzo o girasol la esperarían.

Al vórtice de esta hora, cuántos muertos
habrá resucitado en el vagido
que tenia la alcoba de luz verde.

Yo habría de cumplir cuántos designios,
tendría que repetir la mascara de algún antepasado
quién sabe la ponzoña de su alma, o su nobleza;
realizar sus venganzas, restañar sus fracasos.

Venir de la resaca de unos seres lejanos
que se amaron un día
que se encadenaron con la vida
ser argolla mas de esa condena.

Saber que somos frutos de un punto de alegría
y ese germen, ¡Dios mío!
desde qué grietas sube, de qué simas?

De la tibia tiniebla a la luz fría
hendiendo vida y muerte
la frágil levadura su eternidad mordida.






Fotografía de Lee Jeffries

miércoles, 25 de mayo de 2016

JORGE MEDINA VIDAL

Historia de amor

Para brillar con idéntica luz los amantes se encierran,
porque no saben si el mundo ha terminado
su destino de lluvias y de niños,
o si el mundo es un NO opuesto a la integridad
de sus deseos,
o si el mundo no existe y entonces conviene
apartarse de la nada.

No son el hombre y la muchacha nocturna
que buscan sótanos húmedos y oscuros para entrar y salir
furiosamente. La fruta caída entre los desperdicios
es tan sólo el memento de un estío pasado,
y de una tierra fabulosa
como las entrañas de un toro.
Pero el amor hace que los amantes sean vicarios
de potencias altísimas,
que los mueve a la ira, a romper la pepita de los gametos
ávidos de unidad,
a pisarlos después con asco
porque abren la senda a los números infinitos.

Los amantes necesitan encerrarse,
y cada uno de ellos, que se aman tanto,
cuando se encuentran solos en una ola o en un palacio
-penetrado de silencio- donde ninguna mano
puede violar la intimidad fastuosa,
comienzan a descubrir el tórax, su cintura,
la risa, la cabellera criada entre delicias
y se lamentan.
Sí, pide la historia del amor
el llanto. La risa como un grito retorna 
a la garganta
y el gracioso la escucha sobrecogido
y ríe, sigue riendo ante su noche.

Qué ver sino los labios unidos. Luces idénticas
que poco a poco dejan de ser lo totalmente otro,
y en el cabello, en la cintura, sienten
que allá infinito
arroyo bajo el valle,
nada lo asible puro de la amada.

¿Adónde has visto luego que fueran los amantes?
¿Se apartan y mientras uno habla
el otro llora?
O se dedican a la muerte
en ese día en que pensaron: "Las mariposas vuelan para
nosotros".
¿Quieren burlarse del insigne fracaso?
Es por eso reconfortante saber que todavía se muere la juventud,
no llegados aquí, a la precisa madrugada,
preparada, en que el hastío los deja cínicos
o rompe el vuelo de su pensamiento.
Felices los necios y los sabios,
los engañados totalmente
que mueren en la fe primitiva,
y los que arengan con la conciencia de un gran fraude,
mirando más, mirando más.