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Mostrando entradas de junio, 2016

CÉSAR VALLEJO

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Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o lo heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre!  Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!



CARLOTA CAULFIELD

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La mano en el aire

Se extiende la escritura desatada
ante los espejos del cuerpo.

Las imágenes son pródigas
y el chispazo delicado del gozo
se cierran sobre la cintura
mientras se declara disidente.

Con fragmentos se construye el ánfora.
El descenso de la rueda termina.
La luz se hace forja
en su reflejo anónimo.

Cuando llegue el día
en que esté terminada
la forma entrará como aire
y un abrazador torrente
será murmullo.

De Giuseppe Arcimboldo
se ha dicho
que inventaba rompecabezas.

De "Polvo de Ángel"


ABEL DÁVILA SABINA

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Ha sido un accidente
He indultado el dolor y vivo en un verso que absorbe tu existencia.
Ha sido un accidente estar unos años con vosotros, hacer el amor, no engendrar, caer de manera exacta, mantener a salvo la idea.
Reconocerme.
Si me salvo, que será imposible, que se tengan en cuenta mis hijos no nacidos, mis intentos poéticos, mis amores frustrados, mis viajes incompletos, que he tenido que amar y vivir, algunas veces sin fuerzas,  /soy  hombre/ Vive en mí aún el deseo de volar, el hambre  bárbara  que transige.
He subsistido desde el primer día, ese siete de agosto de mil novecientos setenta y tres cuando tuve  mi primer  accidente, vi la luz, y, con una palmada al culo, lloré.


[Les partides de naixement són molt cares]

JULIA PRILUTZKY

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Alguna vez, de pronto, me despierto: Un dolor me recorre tenazmente,
un dolor que está siempre, agazapado,
por saltar, desde adentro.
Entonces tengo miedo.
Entonces, me doy cuenta que estoy sola
frente a mí, frente a Dios, frente a un espejo
lleno de mis imágenes,
de rostros polvorientos.

Estoy sola, pero siempre estoy sola:
Es lo único cierto.
El amor era un huésped,
la soledad es siempre el compañero
que permanece al lado, inconmovible.
Lo único seguro, verdadero.
Oigo mi corazón, vieja campana
que dobla y que golpea,
que rebota en las sienes y en la nuca
y en la boca y los dedos.
Es cierto, tengo miedo.
Miedo de no poder gritar, de pronto,
de que ya sea demasiado tarde
para un ruego.
La costumbre ahoga las palabras
y alarga el desencuentro.
Ah, tantas cosas quedarán ocultas,
perdidas, sin recuerdo,
tantas palabras que no fueron dichas,
tantos gestos.

Unos dirán: Yo sé, la he conocido,
fue una ardiente rebelde,
se desolló las manos y la vida
por defender los que creyó más débiles.
Otros dirán: Yo sé, la he conocido…

JAIME SILES

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I
En el tacto interior de esas gaviotas
hay un eco de sombras que conduce
a una intemperie toda de cristal.

Lo que el aire levanta es su presencia
que, en un compás de luces, se diluye
hacia una abierta y sola identidad.

¡Qué profundo interior éste del aire,
cuyas formas modulan su no ser!

II
¿Qué puede al hombre cautivar, sino la música
que en la quietud la arena en sí eterniza
y las olas tan sólo que a lo lejos
una a una, en su olvido, repite sin cesar?

Como su cuerpo son, también, de sombra
y entre su voz la sal es lo que dura
y ese rumor del eco en transparencia
de quien no sabe de otra eternidad.

¿Puede la música ser algo más que sombras
hechas a medida de una idea,
talladas en cristal por el que olvida
que hace surgir un dios de entre sus notas?

¿O lo que aquí llamamos música pudiera
muy bien llamarse el ala de una duda
y el paraíso firme que sostienen
interiores columnas de temblor?
De "Alegoría" 1977



ROBINSON JEFFERS

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Halcón herido

I
El pilar astillado del ala es una muesca en el hombro maltrecho, el ala cuelga como un pendón caído y ya no puede usar el cielo eternamente, sólo vivir con hambre y dolor unos días. Ni gatos ni coyotes abreviarán el tiempo de espera de la muerte, su captura sin garras. Apostado en mitad del encinar, espera al animal tullido que lo salve; o vuela de noche en un sueño recordando la libertad; despertar es su ruina. Es fuerte y el suplicio es peor para los fuertes, la impotencia es peor. Los sabuesos del día llegan y lo atormentan desde lejos, nadie sino la muerte redentora humillará ese cráneo, la intrépida destreza, las terribles pupilas. El Dios salvaje del mundo es compasivo a veces con aquellos que piden compasión, no con los arrogantes. Vosotros no le conoceréis, gentes de la comunidad, o le habéis olvidado; inclemente y brutal, el halcón le recuerda; bello y salvaje, los halcones y moribundos le recuerdan.
II
Antes mataría a un hombre que a un halcón, salvo por el castigo;              …