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Mostrando entradas de octubre, 2016

MIGUEL VEYRAT

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OCASIÓN ÚNICA


Ser la claridad y la libertad del día. No un absoluto cerrado sobre sí mismo. Poesía que no quisiera ser sino poesía que hiciese real aquello que intangible. Como el deber de preservar al hombre tal como fuera fundido. Oportunidad única para lo verdadero. Sin metafísica alguna. Sólo belleza, aunque la oculte el vocabulario religioso y la incurable afición del poeta por los dioses. El poema detiene la podredumbre del tiempo como un ahora fluido que en la obra permanece al margen de la Naturaleza. Todo lo escrito a partir de tal instante será máscara o fraude.


Poema de Miguel Veyrat, de su libro  "El hacha de Plata" Ediciones de la Isla de Siltolá, Sevilla, 2016

RAFA CORRECHER

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APUNTES DE VIAJE
Copenhague, 28 de agosto de 2016 I.
Los nadadores, la pulcritud de un movimiento sobre el plano del agua,
espacios limpios separan las palabras y no hay obstáculos.
Todo sucede mientras una luz diferente tamiza, entre la simetría de los bloques de hormigón, imágenes y apuntes:
un buey de piedra, troncos pintados sobre el cesped, papeles de viaje y fotografías.
Son el disparo más profundo a todos mis lugares disponibles. II.
En el hotel la luz pierde su fuerza entre botones rojos y alfileres.
Hoy huele a mermelada y a café.
Soy extraño,

lejos de mí. 

LEOPOLDO DE LUIS

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El espejo

Con los ojos vendados nos miramos
cada día delante de un espejo
para ser sólo imágenes
nuestras que no veremos.
Desfilamos, retratos fidelísimos,
copias exactas, calcos o reflejos,
resbalamos por aguas espejeantes
como narcisos ciegos.
Debo de ser la sombra, los perfiles,
la refracción de ese cristal o hielo;
debe de ser el doble repetido,
el náufrago en el fondo de ese sueño.
Qué culto extraño ante el cristal, la luna,
de extraterrestre, de astronauta muerto
girando sin sentido
en la órbita cerrada por el pecho.
Qué culto extraño para
sentirnos sólo luminoso eco
de nuestra propia realidad corpórea,
mitología del agonizamiento
liturgia de pantallas sucesivas,
idolatrización de reverbero.
Sólo somos figuras proyectadas
sobre un cristal, pero jamás nos vemos.




ÁNGEL GONZÁLEZ

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A veces Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.

ANA ROSSETTI

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Custodio mío

Salamandra es deseo
bebiendo en los topacios de un estanque,
en cielos de Giotto,
en las bóvedas húmedas de translúcida yedra.
Morera y vid se agotan en tu mano.
Es deseo caballo enloquecido
de temor bajo un raudal de agua,
cascada donde estalla el arcoiris,
desbaratada trenza entre piedras  cayendo.
Brazo tuyo defensa en mi cintura.
Y como la belleza -desmesura, naufragio
o voluble liana que se empina hasta el cedro
sofocándolo- el deseo penetra y es herida.
Cuerpo tuyo, cercado que mi pasión desborda,
todo escudo en dócil miel fundido
y es inútil tu intento: a un labio enamorado
ni el laurel más mortífero detendría.
Ya no podrás lograr que permanezca intacta,
angélica tesela en su alto dominio,
que mi emoción recorte cual ciprés
en un parque atildado,
que contemple el abismo desde los barandales
y al vértigo resista.
Crueldad subyugadora es el deseo.
Y me entrego a su lanza, y no quiero rehuir
su mordedura.
Apártate de mí, no quiero que me guardes,
que en mi cuerpo refrenes lágrimas ni jardines,
y …